El maestro de papiroflexia y profesor de física, química y matemáticas Manuel Sirgo, en la última de El Día de León. Fotografía: Ana M. Díez.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

MANUEL SIRGO

ARTE ENTRE LOS DEDOS

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 20 de mayo de 2017 en la última página de El Día de León)

“No cortar, no pegar, solo plegar. Y además, partiendo de un papel cuadrado…”. La revista “Pajarita”, de la Asociación Española de Papiroflexia (AEP), dedica a Manuel Sirgo un número extraordinario, donde se recogen algunas de sus creaciones en papel, realizadas durante los últimos 17 años, que le han dado fama en Oriente y Occidente: el Escarabajo de Darwin, el Escarabajo Samurai, la Tarántula Goliat, el mosquito común…

Nacido en Valladolid en 1960, y químico de formación, Sirgo llegó a León en 1988, gracias a una beca de investigación. Y aquí se quedó. Desde hace 24 años da clases en el Colegio Divina Pastora. Por su trayectoria en la enseñanza, la Fundación de Escuelas Católicas le acaba de conceder uno de los 3 premios anuales que otorga a docentes de Castilla y León. Pero en lo que realmente destaca este profesor de física, química y matemáticas, al margen de su profesión, es en el arte paciente de plegar papel para crear figuras, un arte que en Japón llaman “origami” y en España “papiroflexia”. Y en el que Sirgo sobresale como creador de figuras complicadas, no sólo insectos de patas ultrafinas y largas antenas, también dragones, flamencos y otras zancudas, peces, artrópodos y toda una selección de bichos inimaginables que, a veces, rozan el realismo. A los insectos, en concreto, Sirgo los ha estudiado con paciencia de entomólogo. “Los que nos dedicamos a esto no somos fotógrafos ni escultores… Pero entomólogos de Cataluña me pidieron una vez figuras de insectos y comentaron que el nivel de acierto en la representación era casi del 90 por ciento”, comenta.

Recuerda que empezó de niño, “como casi todos los que estamos enganchados a esto”, cuando su padre le enseñó a plegar un avión. “De pequeño me costaba atender en el colegio, siempre estaba haciendo figuras de papel”. Le sigue pasando ahora. “Necesito estar haciendo algo con los dedos, no puedo evitarlo”. Pero también su cabeza bulle, y así ha inventado figuras que parecen imposibles de realizar, más de 600. “Durante años plegué modelos de otros. Un día, en el año 2000, quise hacer una araña y me la inventé. A partir de ahí empecé a crear modelos de forma compulsiva. Muchos aún no los he dibujado, sólo los he plegado”. Desde entonces ha publicado tres libros (‘Papiroinsectos’, ‘Imaginando en papel’ y ‘SirgOrigami’). Su hijo Víctor también tiene alguna figura publicada, como una tortuga que ideó con solo ocho años. En 2008, Sirgo organizó en León la Convención Nacional de Papiroflexia y trajo a grandes maestros. Ha sido presidente de la AEP y es miembro de la Japan Origami Academia Society. Sus figuras están en el EMOZ de Zaragoza, el único museo de origami de Europa. Con sus creaciones ha viajado y realizado exposiciones por el viejo Continente y Japón. “Todas las convenciones a las que te invitan son importantes, pero para mí fue un privilegio asistir a la Tanteidan de Japón, que es como los Oscar del cine”.

¿Qué hace falta para dominar este arte? “Destreza y cierto arte matemático”, responde. Porque lo difícil no es plegar, sino el diseño previo, realizar el dibujo, el mapa del plegado paso a paso. Entre sus maestros cita a Nemesio Montero, Montroll, Aníbal Voyer, Robert Lang… “Unamuno, que era un grandísimo aficionado, inventó muchas figuras”. Pero quien le dejó flasheado en Sevilla 92, en el Pabellón de Japón, fue el gran maestro Yoshizawa, autor de más de 50.000 modelos. “En la actualidad admiro a Kamiya, Hojyo, Kawahata, Komatsu, Nishikawa, Miyajima, Román Díaz y los incipientes maestros suramericanos y vietnamitas”, dice.

Manuel Sirgo cultiva además otras aficiones, como coleccionar minerales y fósiles, o hacer maquetas de grandes veleros de época, “de esos que tienen mil cuerdas”. Este profesor es toda una caja de sorpresas…

 

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