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Esther Ramón.

CASI SIN VOZ

Por ESTHER RAMÓN
(Reseña publicada en la revista madrileña El Crítico, en 1999)

Difícil —extraño— el pulso que mantienen algunos poetas con el silencio. Rimbaud, Ingeborg Bachmann, Hugo von Hofmannsthal… de todos ellos nos llegó el eco de un silencio deseado. Nos llegó un eco como si de un alto grado de clarividencia se tratara, como si la auténtica poesía tuviera que irse afinando hasta desaparecer o el truco consistiera en borrar poco a poco los trazos para poder leer “la escritura anterior a la palabra”.

Al igual que en la Carta de Lord Chandos de Von Hofmannsthal, Eloísa Otero (León, 1962) se enfrenta en su último libro —Tinta preta, editado por el Instituto Leonés de Cultura— cara a cara con la escritura, planteándose, sopesando palmo a palmo su necesidad, su validez. Se trata de un combate desigual, pero en un principio amistoso: el bando del silencio gusta aún de brindarle témperas suaves a su adversario (“Garrapateo. / Los dibujos son para que recuerdes”). Aunque con la lucidez cunde el desánimo (“Para qué contar, en realidad”).

Sin duda, el camino se allanaría si el despojamiento (“saber de todo, / desde el principio hasta el final / sin estar en todo”) soñado, trascendiendo los límites de la escritura, representase la puerta, la llave que abriese lo ajeno, pero lo que resta es sólo la fórmula. Aplicada inútilmente. “Sigo sin saber, a fin de cuentas, / quién es alguien para alguien”.

A lo largo del libro se va desarrollando, más que una lucha, una especie de cortejo, donde ambas partes se acercan tanto que a veces llegan a confundirse. El silencio (“Él habla de lo que le pasa. O no habla”). La escritura (” / Ella, de lo que podría llegar a pasar”). El papel en blanco es aquí el lienzo donde la creación se busca y se reencuentra, limpiando sus pinceles en un autorretrato diligente pero borroso. Donde las sílabas son arpones lanzados a oscuras “a la espera de que la situación tome verdadero cuerpo / —o falso— y que se clarifique”.

El narrador se plantea la doble trampa: por un lado la escritura es una terapia, un alivio (“Aquí llueve menos”). Un sitio donde refugiarse, donde no sentir. Una especie de medicina, la más eficaz “pero hay otros fantasmas / como que cuando dices tu miedo / el miedo se cumple”.

“Dolmen, mámoa, petroglifo”. Magia arrojadiza que se desliza entre los dedos, que invoca un despertar, o tal vez un adormecimiento. Las palabras son de nuevo piedras de colores arrojadas a un pozo que se seca sin remedio.

Y así, en ese vaivén vamos llegando a la última parte del libro, en la que el silencio gana literalmente terreno: las estrofas se acortan, los versos se afilan como un lápiz que se prepara para escribir con extrema claridad las últimas palabras. Una cuerda podrida de cuyos extremos los competidores siguen, aunque exhaustos, tirando hacia un final que se precipita, que adivinamos muy pronto. ¿Vencedor?: el silencio (“traspaso el umbral / me cuelo en ese espacio donde el sonido no circula / y el pensamiento es sueño que ni se pronuncia”). Pero sólo la escritura ha sido capaz de conducirnos ante él.

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La escritora Susana Barragués fue la encargada de trazar mi semblanza en el XXXI Día de las Letras Leonesas que se celebró en el Colegio Marista Champagnat de León el viernes 31 de marzo de 2017. Un día entrañable, cariñoso, bonito y emocionante. Gracias a todos alumnos, a todos los profesores, a las madres del AMPA y al director Juanjo, también a todos los que nos acompañaron en ese día precioso. 

(Nota de Elo: Me da mucho pudor poner esta semblanza aquí, por razones obvias, pero sé que Susana la ha escrito con el mayor de los cariños… y así la recibo, un poco también como un regalo exagerado, que me ruboriza)

Eloísa: el halo rojo de la poesía 

Semblanza de Eloísa Otero
por Susana Barragués

Periodista, escritora, poeta, bloguera, editora, crítica y selectora, promovedora, valedora y rescatadora de escritores, poetas, pintores y creadores leoneses y universales.

O recurriendo a los símbolos polares que su poesía y creación transpiran: pirata, maga verde, intérprete del mapa del tesoro, Mérida celtíbera, empuñadora de la sal, conjuradora del brebaje de los brezos, relámpago puro en tempestad oceánica, duende metafísico, moneda de oro rojo y nudo marinero, runa castellana, ailalá de las pandereteiras, pianista de nanas para arrullo y médium de rebeldes, despedidos, desaparecidos, desentendidos, poetas, parados, punks, combativos, supervivientes y vencidos.

Vinculada por nacimiento a la ciudad de León, se licenció en Ciencias de la Información y ejerció como periodista en varios diarios impresos, como La voz de Galicia, Atlántico Diario, Diario de Galicia, La Crónica de León y El Mundo. Estrenando la escritura con aquel extraño invento, el PC, comenzó no sólo a imprimir noticias, notas de prensa y entrevistas, sino a configurar lo que más tarde sería su desbordante actividad digital: primero desde el blog de literatura, arte y creación “Isla Kokotero”, que como buena isla pirata, desapareció sin dejar rastro en el mapa del .com y después, como co-directora de la revista cultural digital Tam Tam Press. Actualmente es colaboradora de prensa en El Día de León, y ha dirigido y dirige, además, innumerables ciclos de poesía y creación, para instituciones como el Ayuntamiento y la Diputación de León, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC).

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Juan Rafael, en 1993-1994. Foto: Eloísa Otero.

Juan Rafael, en 1993-1994. Foto: Eloísa Otero.

TINTA CHINA

Eloísa Otero

— — —

Hay que evitar asimismo que los versos inscritos asfixien
las figuras pintadas.

ZHENG LI

A Juan Rafael

Imagínate a Severo Sarduy conversando con Botero:
¿Y  por qué dejaste de pintar ese gato?
Porque se iba convirtiendo en un tigre.

Un mapa mudo
indescifrable
para la travesía.

No hay derrotero en la carta
de marear
ni libro que contenga las derrotas.

* * *

Complicidad.
Aparente escritura cuneiforme.
Signo mudo. Pero signo.

* * *

Oscurecimiento del significado
donde no hay palabra
y la escritura es silencio
y se incorpora
a la materia.
Fósil.

* * *

ROBAR LA MIRADA
Cuando la mirada es un viaje
lleno de desatinos:

danza gestual,
sin freno,
del escrutador que no adivina
que sólo lo descifrable
por la mano
sigue siendo tacto,
cicatriz
en la tela,
sutura.

* * *

… pero los signos caen del cielo,
son ilegibles sobre el papel de arroz,
enigmas
sin sentido.

(su escritura no es un hecho del lenguaje)

* * *

Los signos:
esos que brotan
casi por azar,
manchas
de brocha,
perfil de espátula,
se colocan
en un espacio vacío
y la narración es ininteligible,
aunque expresiva.

Necesidad infinita del habla.

* * *

…y ni la lluvia logra embarrar las huellas
de una escritura anterior a la palabra
escritura que nada transcribe ni comenta
inconvertible en sonidos
deriva caligráfica.

* * *

La voluntad creativa es paciencia.

Díselo al que traza su dibujo sobre la arena
de la duna
y teme al viento,
o al que se expresa con ritmos sujetos
a la petrificación.
— No puedo hacerte caso… ¡que se me seca!,
y da unos brochazos rápidos sobre la tela,
aplica la espátula.

* * *

Traviesamente tú también te estás pintando ahí,
los mapas interiores,
su código secreto.

Piensa en las maniobras con que se trucan
las imágenes al revelar, por ejemplo,
una fotografía.
Piensa en una mano que acaricia el aire
para morder una sombra
o aclarar una zona concreta del papel
emulsionado.

* * *

Con esa configuración y no otra,
como una piel que devorase
al propio cuerpo:
así elabora el cuerpo de las telas,
—en realidad
donde no hay luz
no hay luz,
y el silencio
se ha disuelto en el vacío.

Paisaje nocturno.
Imposibilidad del discurso.

* * *

Con látex improvisa textos invisibles
sobre una pared tatuada
con tinta china:
“rincones prohibidos
dientes muertos
paredes tiesas”.

(Labios rotos
boca muda)

* * *

CUENTA
TE
UN
CUENTO

(—No miento, son historias)
y en la tela hay un puente
con hojas de periódico
de gran tirada

maquillaje narrativo,
espejismo semántico.

* * *

ÁREA PRESA
Ahora la incógnita está en esa tela blanca
grapada a la pared
donde el azar dibujó una línea quebradiza,
la misma que se repite idéntica
en otras telas
antaño suspendidas,
rebosantes de humedad en el pequeño espacio
donde todo es frágil
hasta la menudencia.
La escritura puede esperar
y se enmaraña.

Desorientación y destrucción de las certezas.

* * *

Sobre la tela un simple trazo.
Un nudo en una red de conexiones invisibles.

Velocidad de la mirada
hasta reconocer, de pronto,
las formas.

* * *

Del vacío silencioso surge
esa pulsión,
sabiendo que el lenguaje
las palabras
ya no son de fiar. De ahí
el mensaje
invisible
inaudible
—¿cómo se siente algo que no podemos percibir?—
insignificante.

* * *

DESCRIBIR SILENCIOS
Pero la escritura no sólo es un paisaje del que emanan soledades absolutas
como en las cien novelas ilegibles
de Xu Bing
tan bien pintadas
o en sus bonitos libros encuadernados
para ciegos
encima de una mesa
y junto a la mesa una silla y arriba
en el techo
colgando
una lámpara.

Súbito una luz
sobre el oscurecimiento
que atrapó la mirada.

… ¿Y para qué necesita un ciego una lámpara?

* * *

A veces sucede:
traspaso el umbral
me cuelo en ese espacio donde el sonido no circula
y el pensamiento es sueño que ni se pronuncia.

— — —
ELOÍSA OTERO (Del libro ‘Tinta Preta’. Diputación de León, Colección Provincia de Poesía, 1999)

"Cuenta te un cuento", un cuadro de Juan Rafael en proceso. Foto: E. Otero.

“Cuenta te un cuento”, un cuadro de Juan Rafael en proceso (1993-1994). Foto: E. Otero.

"Cuenta te un cuento", un cuadro de Juan Rafael terminado (1993-1994). Foto: E. Otero.

“Cuenta te un cuento”, un cuadro de Juan Rafael terminado (1993-1994). Foto: E. Otero.