El artista y activista ambiental Diego Segura, en la última página de El Día de León. © Fotografía: Ana M. Díez.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

DIEGO SEGURA

UN HOMBRE LIBRE

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 6 de mayo de 2017 en la última página de El Día de León)

Como un “sherpa de nuevos caminos” le definen sus amigos. Diego Segura (Ceuta, 1943), pionero del naturismo y del ecologismo en los años 70, pasó su infancia en Marruecos, junto al mar, y su juventud en Barcelona. Con casi 40 años, en 1982, decidió dejarlo todo, profesión incluida, para instalarse en Genicera, en la montaña leonesa, y vivir de una manera distinta: en paz y armonía con la naturaleza. Allí creó el “Taller 7” que antes había experimentado en Cataluña, un lugar de encuentro y aprendizaje donde se impartían talleres de yoga, meditación, arquitectura biodinámica, agricultura ecológica, artesanías, oficios tradicionales… Su intención era crear “una comunidad ecológica de vida natural” que funcionó durante años de forma intermitente, ya que Diego acabó encontrándose solo durante los inviernos, demasiado fríos para las gentes que pasaban por el Taller. Pero este artista espiritual y multidisciplinar ya portaba un gran bagaje vital cuando se instaló en Genicera. Antes había trabajado en una empresa internacional, como diseñador de interiores, y había estudiado arquitectura. También practicó el naturismo vegetariano y se acercó a distintas filosofías: teosofía, antroposofía, rosacruces, budismo, taoísmo, no-violencia… “Pasé por todas ellas para conocerlas y aprender de sus esencias. Esto me permitió conocer personalmente a Krishnamurti, a Lanza del Vasto (discípulo de Gandhi y fundador de la Comunidad El Arca) y a otros muchos ejemplos vivos de compromiso vital para la construcción de un mundo mejor”.

Se considera una persona “sensitiva”, capaz de ver siempre un poco más allá y de “sentir el pulso, el latido profundo de la tierra cuando está viva”. También es un investigador preocupado por múltiples temas, no solo ecológicos y filosóficos, también políticos, urbanísticos, sociales y artísticos.  “Vas acumulando… y todo fermenta, eso fue lo que me pasó en Genicera, que desde el principio fue un refugio, un punto de llegada. Me pasó como al principito (el personaje de Saint-Exupéry) cuando se sube al asteroide. Allí todo es muy duro, sobre todo el invierno, pero es de verdad. La escarcha, el sol, la luna, el monte… todo rezuma vida”. En la montaña empezó a realizar sus obras artísticas, utilizando todo tipo de técnicas y materiales, hasta inaugurar su primera exposición en Pallarés, en 1987. “Creo que he sido artista desde chiquitillo. Pero fueron los amigos y la gente quienes me empujaron a mostrarlo. Casi todas mis obras son una reflexión sobre lo inmaterial”.

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