Este micro-relato se publicó en astorgaredaccion.com el 31-8-2014, con una fotografía de Ramón Núñez y esta entradilla:

En ‘Esta tarde nieva como nunca’, la escritora Eloísa Otero hace un uso creativo de distintos fragmentos de poemas de César Vallejo con el fin de recomponer el puzzle Leopoldo Panero, un pájaro quebrado y un tanto arrepentido que a día de hoy suplica y/o exige rehabilitación inmediata.

Foto cedida por Ramón Núñez / astorgaredaccion.com

Foto cedida por Ramón Núñez / astorgaredaccion.com

“Esta tarde nieva como nunca”

Por ELOÍSA OTERO

Nevaba cuando llegó a Castrillo de las Piedras con su insignia de la hoz y el martillo en la solapa, eso sí, de plata. Recordó que también era Navidad cuando invitó a César Vallejo a pasar unos días en la casa familiar de Astorga. Se le vinieron a la mente las miradas despectivas, los cuchicheos ante la chaqueta gastada del peruano chiquito que moriría en París con aguacero después de escribir aquello de ‘Piedra negra sobre una piedra blanca’.

La vida le gustaba mucho menos desde entonces. Encendió un cigarrillo. Acarició la vieja insignia de plata, la frotó primero con la ceniza del cigarro y más tarde con su pañuelo de hilo crudo, para sacarle brillo. “¡Qué frío hay… Jesús!”, musitó temblando como un pájaro salvaje. Quería escribir… pero solo le salía espuma. Así que abrió una botella y se lanzó a beber lo ya bebido. Miró la copa, el negro cáliz. “¡Cuídate del futuro…!”, había escrito el poeta amigo, aquel que nació un día en que Dios estuvo enfermo, grave. Se miró al espejo. Soñó una fuga, se peinó como un mamífero, y comprendió sin esfuerzo que el hombre “se queda, a veces, pensando, / como queriendo llorar, / y, sujeto a tenderse como objeto, /se hace buen carpintero, suda, mata / y luego canta, almuerza, se abotona…”. En ese momento sintió algo así como una punzada en el corazón. Y luego nada.

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