Archivos para el mes de: enero, 2018

El poema en la pared del CLA (la foto ha salido un poco distorsionada, pero sirva de testimonio)

PAISAJE DE INFANCIA EN LA COCINA

Alboronía, caldo, abuela,
huele la casa a piel de naranja,
hierros en el fuego, arroz con leche,
papilla, papaya, dulzura,
toda la nata en una pota.

Flotas en el algodón de un lecho de arreboles
sin saber cómo interpretar los petroglifos.
Cada cosa está unida a un nombre,
cada nombre tiene su propia vida.

Madre, manta, escaramuza,
te has clavado el alfiler en un sofoco.
¿Qué soñaste que no pudo ser?

Días de lluvia y de poner en orden las cosas.

ELOÍSA OTERO

[* Nota: Este poema se puede leer en las paredes del Centro Leonés de Arte (CLA), en la primera planta, junto a otros poemas de autores como Antonio Gamoneda, Díaz Caneja, Aldo Sanz o Jorge Pascual.]

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Diego Gutiérrez y Rodrigo Martínez, el dúo Tarna, en la última página de El Día de León. / Fotografía: Ana M. Díez.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

RODRIGO MARTÍNEZ Y DIEGO GUTIÉRREZ
/ Músicos

CANTAR Y CONTAR

Mientras sigue reelaborando el cancionero popular leonés y prepara su tercer disco, el dúo Tarna celebra dos lustros de amistad y alquimia musical

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 27 de enero de 2018 en la última página de El Día de León)

Diez años llevan reinventando el folk leonés, “la música tradicional de nuestros abuelos, pero con un toque nuevo”. Romances, titos, jotas, canciones de trabajo, de amor, de fiesta, de boda… que, además de recordar cómo era antaño la vida rural, siguen expresando emociones y sentimientos muy profundos. “No se trata de reproducir un legado, sino de revisitarlo para volverlo actual. Se trata de cantar y contar, de redescubrir nuestra música de raíz, reelaborarla y, sobre todo, poder compartirla”. El dúo Tarna lo hace a fuego lento, escarbando en la tradición, aportando cada uno lo mejor de sí para que esos cantares resurjan vivificados e intensamente bellos.

Rodrigo Martínez (1982) y Diego Gutiérrez (1978) son muy distintos. Rodri es extrovertido y despistado; Diego más ermitaño y formal. Comparten espíritu solidario y un saber musical aprendido de los mayores. “Antes, en los pueblos, siempre se cantaba. Mi abuela Aurora, de Valdealiso, tiene 82 años y es una enciclopedia de canciones, muchas se las enseñaron su padre y su abuelo”, explica Rodri. Con ella grabó un disco en 2012, ‘Aurora’, en el que la abuela interpreta una mínima parte de su enorme repertorio, acompañada por su nieto a la gaita. También Diego recuerda que su abuelo “cantaba y tocaba la caña para acompañarse”.

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OPINIÓN / VILANOS

Palabras para entender el mundo

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 20 de enero de 2018 en El Día de León)

Sin duda estamos hechos de palabras. Ellas son nuestras herramientas para la comunicación, el afecto, el pensamiento y la imaginación. Con las palabras se puede herir o curar, construir o destruir, enfadar o alegrar a alguien, alabar o difamar, esclarecer o engañar, seducir o escandalizar… Hay palabras que pronunciadas en un determinado momento, y de una cierta forma, son capaces de cambiar las circunstancias. Y no porque existan palabras mágicas en sí. La magia sólo está en el cómo, cuándo, dónde y por qué las pronunciamos. También hay palabras que nos dibujan como humanos, y que definen las épocas que nos toca vivir. Cuando en 2011 le preguntaron a Antonio Gamoneda por su palabra preferida, para celebrar el Día del Español, el poeta contestó sencillamente: “Tú”. Y lo explicó así: “Son sólo dos fonemas, pero que conllevan el reconocimiento de la realidad existencial de otro ser. Y eso es importante, en nuestra vida y en la de todos”.

El neologismo “aporofobia”, que da nombre al “miedo, rechazo o aversión hacia la pobreza y hacia las personas pobres”, ha resultado elegida “palabra del año 2017” por la Fundación del Español Urgente (promovida por la Agencia Efe y BBVA). Tras haber escogido “escrache” en 2013, “selfi” en 2014, “refugiado” en 2015 y “populismo” en 2016, esta Fundación optó en 2017 por un término que muchos no habíamos escuchado antes, pero que alude a una realidad social tremendamente arraigada y muy antigua: la repugnancia y hostilidad ante las personas pobres, sin recursos o desamparadas.

“Aporofobia”, que en septiembre de 2017 fue incluida en el ‘Diccionario de la lengua española’ de la RAE, es una palabra acuñada en los años 90 por Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, para llamar la atención sobre el hecho de que muchas veces el rechazo a inmigrantes, refugiados o personas de otras etnias se denomine “xenofobia” o “racismo”, cuando en realidad ese rechazo se produce porque esas personas son pobres. Y los pobres, esa fobia, la sufren siempre. Según una investigación realizada en 2015 por el Observatorio de Delitos de Odio, en España el 47% de las personas sin hogar ha sufrido un delito de odio por aporofobia, y de estas personas el 81% habría sufrido estos delitos en más de una ocasión. Sin embargo, solo el 13% denuncia los hechos.

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David ‘Gufer’ en la última página de El Día de León. / Fotografía: Ana M. Díez.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

DAVID FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ, ‘GUFER’
/ Pequeño empresario, ferretero, músico

DAME UN CHISME PARA…

“Mantenemos la forma campechana de despachar”, afirma este bajista rockero que relevó a su padre al frente de una ferretería en La Sal

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 13 de enero de 2018 en la última página de El Día de León)

Gufer, la ferretería entre doctor Fléming y doña Urraca, no es sólo un apretado y ordenado bazar colmado de artículos muy variados. “Tenemos un poco de todo, desde una punta a una churrera de aquellas de la abuela…”, dice David, el alma de este pequeño negocio que en tiempos de crisis, y pese a la competencia, ha logrado mantenerse y ampliar el local.

Abundan las ferreterías en el viejo barrio ferroviario y también los bazares chinos (hay uno justo al lado), pero a David no parece importarle. ¿Su secreto?: “Ofrecemos calidad (primeras marcas), servicio (puede venir cualquiera, sin saber muy bien lo que va a necesitar, y le asesoramos) y precio (es preferible ganar menos y que entre más gente)”. Todo el barrio lo sabe. Detrás del mostrador, David y su colega Javi (por las mañanas también está Noelia) atienden a los clientes con rapidez y viveza, preguntan, buscan la mejor solución al problema (un manguito, un ahuyentador de animales, un grifo, una herramienta, una cerradura…). Siempre se aprende algo de estas conversaciones, mientras se espera a la cola. “Ferretería de barrio, buenísima atención, pocas quedan de este tipo”, “Esmerada y profesional atención”, “Calidad y servicio profesional, se encuentra de todo al mejor precio”… son reseñas que se pueden ver en Google.

“Esta ferretería tiene casi 40 años y ha mantenido la forma campechana de despachar”, señala David. “Intentamos servir a la gente, entender sus necesidades, tratarla bien, tener paciencia. Mi padre decía que hay que estar agradecido al que entra por la puerta, que es el que te da de comer. Cuesta mucho hacer fiel un cliente”.

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Página de opinión en El Día de León. 6-7 de enero de 2018.

OPINIÓN / VILANOS

Hacia una nueva sensibilidad con los animales

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 6 de enero de 2018 en El Día de León)

¿Una de las mejores noticias del año que dejamos atrás? No tengo duda: la aprobación por el Congreso a mediados de diciembre, por unanimidad, de la proposición de Ley para que los animales dejen de ser considerados “cosas” y sean reconocidos jurídicamente como “seres sensibles”, o lo que es lo mismo, como “seres vivos dotados de sensibilidad”. Se trata de un pequeño paso para los humanos, pero también de un gran paso para los animales en este país.

Hasta ahora, para el Derecho español, los animales eran considerados cosas, meros bienes susceptibles de apropiación y de libre disposición por parte de sus propietarios. En 2015, la publicación del libro ‘El Derecho de los animales’ —un ensayo colectivo a cargo de filósofos, juristas y etólogos, editado por Marcial Pons— abrió nuevas puertas a la concienciación, al cuestionar este anacrónico estatuto jurídico y poner sobre la mesa “una nueva frontera moral”: el respeto humano al resto de animales. “Los argumentos que a favor o en contra de los derechos de los animales elaboran los polemistas es un asunto de apasionante actualidad, pero el debate de la comunidad científica internacional sobre la ‘condición animal’ da fe de lo que podemos considerar como el comienzo de una transformación cultural. Pensadores, científicos y juristas contribuyen con sus estudios a dar forma a una nueva sensibilidad y por ello es probable que sus hallazgos rectifiquen el modelo antropológico que hasta ahora nos ha servido de referencia”, apunta el escritor Basilio Baltasar en el prólogo de ‘El Derecho de los animales’.

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Nota: Hace un año, Kristine Guzman me invitó a participar con un texto en el catálogo del artista holandés herman de vries; y me insistió en que hablara de la tierra (leonesa, tan mía) desde el corazón. Al principio me costó, y luego podría haber seguido y seguido… ¡Gracias, Kristine! Me encanta el catálogo, y también la obra y la figura de este artista y poeta de la simplicidad, de la naturaleza y de la vida… Su exposición “chance & change” (casualidad / oportunidad y cambio) se puede ver en el MUSAC hasta el mes de febrero de 2018.
Mi texto acompaña en el catálogo la parte de la exposición de herman de vries que tiene que ver con las tierras de León —este artista ha ido construyendo a lo largo de los años un museo de las tierras del mundo—.

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cuaderno de notas

(inspiración, expiración) de la tierra

por: eloísa otero

“Ya nadie nos moldea con tierra y con arcilla,
ya nadie con su hálito despierta nuestro polvo”.
Paul Celan

“El más pequeño acontecimiento repercute en el devenir de la entera comunidad y en el curso de los astros porque las fuerzas espirituales de arriba dependen de la influencia y energía que reciben de abajo. Ayer estábamos aquí y mañana ya no estaremos, pero incluso en nuestra ausencia permaneceremos siempre y no sólo en el recuerdo que hayamos dejado, sino verdaderamente en los otros, porque un hombre lleva en su interior a todos los hombres”.[1]
Moisés de León

Algo se activa en mi cuerpo, y en mis entrañas, cuando regreso a uno de los pueblos de mi imaginario después de muchos años. Un pueblo ahora desolado, casi fantasmal, del que han huido los pájaros y donde aún sobreviven algunos perros ladrando para ahuyentar a la muerte.

Entro en una de las casas de piedra que amenaza ruina, la puerta de madera está entreabierta, crujen los goznes como urracas. Inexplicablemente el interior apenas ha sido arrasado. Desde la pared, una cabeza de ciervo con hermosas astas me da la bienvenida. Todavía pende un cuadro ladeado en el que un pincel infantil esbozó unas mieses amarillas pobladas de avutardas bajo el cielo azul sembrado de nubes y palomas. Al lado, una chaqueta de lana apolillada cuelga de una pezuña de jabalí, en un perchero surrealista. Huele a madera mojada y a cañerías. Es un olor añejo, desagradable, que apenas reconozco.

Si tuviera que describir la tierra de mis raíces buscaría aromas capaces de transportar el espíritu a un mundo feliz que ya no existe: leña recién cortada, humo de hoguera, jazmín y lilas, hierbabuena, boñiga de vaca, membrillos, niebla sobre la ropa recién lavada y tendida en la huerta… Pero en mis evocaciones, nada más aflorar, esos aromas se desvanecen como polvo en un halo de luz fugaz.

Así que cierro los ojos, salgo a la calle vacía y tomo aliento de ese aire que ahora huele a primavera y a hierba verde, antes de que se disipe, para emprender un camino sin retorno a través de los paisajes amados que atan mi memoria al olvido. Como un manantial, dejaré que fluyan recuerdos y palabras de otro tiempo.

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