Personajes / ERNESTO RODERA, dibujante, columnista gráfico

Ernesto Rodera, con su lápiz, en la última página de El Día de León. / Fotografía: Ana M. Díez.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

ERNESTO RODERA
/ Dibujante, columnista gráfico

LA VIDA EN UNA VIÑETA

“El humor tiene que ver con el miedo, es desesperación siempre”, dice este maestro de la sátira que se dedica a “crear opinión”

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 18 de noviembre de 2017 en la última página de El Día de León)

Llega unos minutos antes de tiempo, con pantalones de chándal y su chupa de cuero negro. “Tengo yoga dentro de dos horas”, avisa. “Empecé hace un mes y todavía no consigo relajarme, ni con el yoga ni con nada”. Charlamos y bebemos té, mientras cuenta que también va a nadar todos los días a mediodía, menos los viernes, que tiene tertulia en la radio, en la Ser. “Cuando empecé a correr, hace cinco años, me di cuenta de que el deporte es muy aburrido, pero hay que hacerlo porque es bueno”. De aquellas primeras carreras salió un libro: “La obligada compañía del corredor en círculos” (Ed. menoslobos), a partir de las reflexiones que iba anotando en un blog. Ahora escribe frases en Twitter y ya lleva más de cinco mil.

Rodera (León, 1966) es como una enciclopedia: puede hablar de cualquier cosa con datos, se sabe anécdotas, citas, frases y diálogos de películas, y hasta capítulos enteros de los Simpson… en español y en inglés (esto último no se lo he preguntado, pero estoy segura). Afirma que es “el tipo con más tiempo libre del mundo” pero dedica 24 horas al día a estar informado, para dibujar al menos una viñeta al día. “La mayoría de lo que sé no me sirve para nada. Pero para hacer crítica con humor hace falta mucha información”.

Estudió en Los Agustinos. “Allí nos daban un trozo de papel higiénico, de El Elefante, para dibujar, y a mí me daba terror verlo vacío, lo llenaba de garabatos”. Con 17 años se matriculó en Bellas Artes en Salamanca y cursó 3º y 4º en un solo año. Luego dio clase en el Instituto La Torre y durante un lustro en las Escuelas de Arte de Oviedo y Avilés. “Odio la docencia, renuncié cuando me quedaba un año de contrato. El docente debe ser un sabio y un santo”, comenta.

Como dibujante se estrenó en La Crónica de León en los 90, cuando Lolo dejó su viñeta para ser concejal. “Aprendí sobre la marcha, gracias a la paciencia de Óscar Campillo. No tenía ni idea, no encontraba el estilo. El Roto estaba en su esplendor, y es muy fácil hacer chistes como él, con una frase lapidaria y un dibujo sencillo”. Pero Rodera fue labrando su propio estilo, con viñetas antológicas. Cuando Lolo volvió, se quedó sin trabajo. Le ficharon en el ADN, un gratuito que duró cinco años y llegó tirar dos millones de ejemplares. Ahora publica en El Mundo de Castilla y León y acaban de despedirle del digital ctxt.es. “Me han echado por no ser pro-procés, como a Eneko le han echado del 20 minutos por lo contrario. Los periódicos son empresas privadas y pueden publicar lo que quieran. Eso no es censura. A la gente como yo nos contratan porque les interesa nuestra opinión, pero luego no nos la dejan dar. Antes había una competitividad normal, de calidad, los medios se rifaban a los buenos… Ahora, si alguien lo hace bien, lo despiden y no pasa nada”.

Dice que se siente bastante solo, trabajando en casa. “Cuento solo con mi propio juicio, es agotador. Lo que se espera de un espacio de crítica es otra perspectiva sobre las cosas. Y yo respeto mucho la sátira. Es una función que no se nota en el momento pero que va calando. Quevedo, Cervantes, Lope… son figuras que deberíamos estudiar más. Sabían cómo manejar la crítica más exacerbada y el pelotilleo más abyecto”.

Rodera fue letrista del grupo de música Los Calores y tuvo una web cuando nadie tenía una web. También ha hecho exposiciones, aunque no viva de la pintura. “Soy muy vago, pero cumplidor. Estoy muy desaprovechado”. ¿Cómo ve León? “Esto podría ser Bilbao. Ahí están la Estación, la Azucarera… Todo eso, rehabilitado de forma razonable… Pero vivimos en Beirut. Cuando salgo a correr, las calles están oscuras. Se diría que todo León está en penumbra. Y sobre las obras: Plaza del Grano, soterramiento, bajos del Estadio, Palacio de Congresos… todo está bajo sospecha: de dónde sale el dinero, cuándo terminan…”.

Ernesto Rodera, en la última página de El Día de León. / Fotografía: Ana M. Díez.

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