OPINIÓN / VILANOS

“Con la ética no se come”

“Estos días están saliendo a la luz los denominados Papeles del Paraíso y, como sucedió con los Papeles de Panamá, lo que revelan es cómo gente muy rica se las ingenia para ocultar sus fortunas y eludir impuestos, pagando a otras gentes (abogados, asesores) especializadas en eso”

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 11 de noviembre de 2017 en El Día de León)

Hace unos días se convirtió en viral esta noticia: “El pedo de un hipopótamo acaba con tres visitantes del zoo ingresados”. Según explicaba el texto, la toxicidad de los gases emitidos por el  animal provocó que tres ancianos palentinos que se encontraban de visita en el parque de Cabárceno (Santander) tuvieran que ser hospitalizados. Se trataba de un fake (un bulo, una noticia falsa) que circuló por meneame.net, redes sociales y whatsapps, y que al final fue “replicada” por unos cuantos periódicos “serios”, sin comprobar su veracidad. “Un diario de León ha picado y ha publicado la noticia como buena. Hay que revisar las fuentes”, se puede leer en uno de los comentarios dejados en meneame.net. Pues sí, el decano de la prensa leonesa, al igual que otros medios, cayó en la trampa, aunque horas después de haberla publicado, retiró la falsa noticia de su web. Otros periódicos, como La Vanguardia, llegaron a ponerse en contacto con el parque de Cabárceno, confirmando el engaño. El fake había salido del portal ‘Hay Noticia’, una especie de ‘El Mundo Today’, especializado en inventar titulares humorísticos que a veces hacen gracia y a veces no. Normalmente estos fakes cantan por sí solos, pero éste en concreto estaba tan bien hecho que incluso aportaba el relato de un testigo de los hechos y unas declaraciones del cuidador del hipopótamo, con nombre y apellidos, lo que daba una mayor sensación de verosimilitud.

Proliferan, cada vez más, este tipo de noticias inventadas que pueden estar tan bien compuestas que dan el pego. Y la triste realidad es que empieza a resultar bastante difícil distinguir la verdad de la mentira. O peor: ya casi nos da igual que algo sea verdad o mentira.

En un mundo cada vez más complejo y enredado, los periodistas ya no son capaces de llegar al fondo de las cosas (falta de tiempo y de medios, obligaciones laborales y de producción, formación inadecuada en muchas áreas, sobreexplotación de recursos, intereses de empresarios y editores, sacrificio de la información de calidad por el sensacionalismo…). Pero de lo que empezamos a olvidarnos es de que el periodismo, ese viejo oficio que consiste en contarle a la gente lo que le pasa a la gente, es sobre todo un ejercicio de verificación. Resulta complicado (y costoso) hacer periodismo, buen periodismo, hoy como ayer. Y no digamos ya opinar, es decir, “pensar” sobre lo que pasa, sobre lo que nos pasa, sobre lo que ocurre aquí y allá, sobre lo que en el fondo nos afecta a todos en mayor o menor medida, como ciudadanos del mundo. Para opinar sobre algo es imprescindible estar informados. Pero nos faltan datos y parámetros básicos, y nos sobra información de baja calidad. Por no hablar de que cada vez hay más lugares de la realidad que permanecen en sombra, sin que nadie se ocupe de indagar qué ocurre ahí, sea por intereses creados o por falta de interés, o de recursos.

Antaño se decía que el periodismo era el cuarto poder, cuando lo que debería ser es un “contrapoder”, en el sentido de servir para destapar los abusos del poder. Estos días están saliendo a la luz los denominados Papeles del Paraíso y, como sucedió con los Papeles de Panamá, lo que revelan es cómo gente muy rica se las ingenia para ocultar sus fortunas y eludir impuestos, pagando a otras gentes (abogados, asesores) especializadas en eso. Entre esa gente hay políticos y líderes mundiales pero también monarcas, artistas, actores, cantantes, deportistas, empresarios, multinacionales, grupos opacos… Pero además de la absoluta falta de conciencia y responsabilidad social de esos millonarios y especialistas en el escaqueo de la contribución a lo público (como dice el ex manager de Julio Iglesias: “con la ética no se come”), lo que impresiona es que, para hacer público este escándalo, periodistas y medios de comunicación de cien países han estado trabajando durante un año entero, verificando la información que les iba llegando a partir de filtraciones.

Seguramente Wikileaks marcó un antes y un después en el periodismo de esta nueva era, marcada por las nuevas tecnologías e internet. Pero el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación nació mucho antes, en 1997, con el fin de dotar de recursos a periodistas de todo el mundo, para que pudieran investigar. Gracias a esta organización sin ánimo de lucro con sede en Washington, que se nutre de donaciones, se han podido destapar casos que de otra forma no habrían visto la luz: la Lista Falciani, los Papeles de Panamá (que provocaron la dimisión del entonces ministro Soria) y otros escándalos financieros, pero también el tráfico de tejidos humanos, el comercio mundial de un material cancerígeno como el amianto, o los detalles de los contratos de las guerras de Irak y Afganistán, entre otros.

La realidad está hecha, entre otras cosas, de información. Cuanto más sepamos, cuanta más información tengamos, más capaces seremos de contextualizar, relacionar, interpretar, entender… lo que pasa, lo que nos pasa. Todo es información. Nosotros mismos somos información (contenida en nuestro ADN). Hasta el universo inconmensurable es pura información.

Mientras escribo estas líneas la televisión resume lo que está pasando en Cataluña, después de un día de huelga que ha causado graves trastornos a miles de ciudadanos, y en el que se han llegado a cortar los accesos a algunos hospitales. Además de Cataluña y la trama Gürtel, los informativos abordan la bajada de salarios en este país. Mientras aumenta el número de millonarios, es decir, de esos pocos que saben cómo beneficiarse a costa de muchos, casi uno de cada tres asalariados cobra menos de mil euros brutos al mes. La recuperación económica es un fake. La desigualdad y la precariedad resultan apabullantes. La gente cada día está más desquiciada. Y se extienden las zonas cada vez más en sombra de esa parte de la sociedad donde la crisis y la angustia y la desesperación se vuelven crónicas. Y no es un fake.

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