OPINIÓN / Seso, sexo, redes y chats

Página de El Día de León.

OPINIÓN / VILANOS

Seso, sexo, redes y chats

“Tenemos millones de mundos e inframundos al alcance del pulgar, miles de puertas abiertas a la aventura del conocimiento compartido, pero también miles de puertas hacia lugares oscuros”

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 28 de octubre de 2017 en El Día de León)

“Yo, si tuviera una columna de derechas, la titularía: ni don Juan ni Juanito. El colmo de la equidistancia”. La cita es de Y. B., autor con G. Q. del libro “No me acuerdo”. Y, además de hacerme gracia, viene al pelo para ilustrar la sensación de vivir en un país surrealista que nos acompaña estos días. Me gustaría componer una columna solo con citas de distintos autores (algún día lo haré), como si fuera una obra musical con distintas voces, sobre todo ahora que, por el cambio de diseño de este semanario, tengo que escribir más que antes para llenar este espacio. Lo que me pregunto es cuántos de los posibles lectores de esta columna llegarán a leerla entera. Porque eso de “leer” es un ejercicio venido a menos, como quedó patente en el congreso Capital del Columnismo que hace unos días acercó a León a algunas de las grandes plumas de la prensa española (20 hombres y 5 mujeres). Y aunque este congreso no se viera precisamente colmado de público, sí que ha dado mucho de sí, por lo menos en algunas redes y chats de wasap.

Las actividades culturales reúnen a veces a un público mínimo, pero peor sería que no las hubiera. Las últimas semanas han estado especialmente repletas de actos en León, por donde pasó el novelista rumano Mircea Cartarescu, Premio Leteo 2017, quien se definió a sí mismo como “un hombre que escribe para entender su situación”. Y como la cultura es sobre todo un lugar de encuentro, entre gentes que coinciden asidua o puntualmente para trasmitir, recibir y compartir experiencias, conocimientos, energías y posibilidades creativas… (algo refrescante y muy recomendable para tener la mente abierta), el martes me acerqué al Musac para asistir a “Usuario”, una de las propuestas del festival independiente de polipoesía Ollagoru. Allí, en una pequeña sala del museo, entre 25 y 30 personas asistimos a una singular performance, concebida como un experimento social de carácter escénico, y que consistió en la intervención performativa de tres actores de la compañía Acéfalo Narciso en una plataforma de video chat en directo.

Los tres actores se sentaron frente a una webcam y conectaron el ordenador a un video chat, proyectando la pantalla sobre la pared para que los asistentes pudiéramos seguir lo que acontecía en el chat y ver la correspondiente imagen del usuario anónimo conectado en ese momento al otro lado. Los actores iniciaron una rutina de pequeñas acciones simbólicas frente a la cámara (comer un bocadillo, beber, cepillarse los dientes, leer con los ojos vendados, abrir y cerrar un paraguas, inflar globos…). Enseguida empezaron a desfilar por el chat, de forma aleatoria, distintos “usuarios” conectados, sin nombre, sólo con la indicación de la región o país del mundo en el que estaban (Galicia, Catalonia, India, Sudáfrica, Nueva York, Chile, Argentina, Pakistán, Italia, Marruecos, Suiza, Andalucía, Baleares, Grecia…). Algunos se detenían solo unos segundos antes de pulsar “siguiente” y pasar a otro “usuario”, pero casi todos pusieron cara de incredulidad ante las absurdas micro-acciones de los performers leoneses que aparecían en sus ventanas de vídeo. Solo uno (argentino) entró a escribir y preguntar por el chat, divertido e intrigado: “buen apetito… se van a atragantar… ¿es real o es un loop?… ah, por fin bebe… falta el postre… ¿es una performance?…”. Durante casi una hora desfilaron por el chat varias docenas de hombres, sí, todos hombres, la mayoría de forma silenciosa (no tenían activado el sonido), a veces con un vaso de alcohol en la mano, mostrando u ocultando su rostro. Más de tres aparecieron masturbándose en directo, sin mostrar la cara, y algunos pidieron por el chat a una de las actrices que se levantara la falda y enseñara más. En el chat, gratuito, una pestañita verde animaba a “Chatear con chicas”, aunque eso ya cueste dinero.

Al finalizar la acción tuvo lugar un pequeño debate, y se analizaron los comportamientos observados en el chat. Parte del público afirmó conocer este tipo de sitios, y los actores habían experimentado un poco previamente, antes de su puesta en escena, para estudiar qué puede ocurrir cuando se entra en estas plataformas con otro tipo de acción, en este caso escénica y performativa. Yo confieso que nunca había entrado en un sitio así, supongo que tengo mejores cosas que hacer, y la idea de miles de hombres voyeurs conectados durante horas a un chat aleatorio me produce sin duda una sensación extraña, de aburrimiento y vacío existencial.

Para entrar en estos chats el único requisito de acceso es ser mayor de 18 años (aunque tampoco hay manera de comprobar eso) y la confirmación de un nombre de “usuario” en algunos casos. En sus experimentos previos, los actores detectaron bastantes menores de edad en el chat, aunque en el tiempo que duró la acción en el Musac no apareciera ninguno. También se habló de que mucha gente entra a estos chats para hacer fotos de contenido sexual que luego venden en la red. La hipersexualización, los límites del morbo y la adicción a este tipo de redes sociales fueron también cuestiones abordadas en el coloquio, y que dan para pensar: ¿Se debería controlar el acceso a estos sitios, a través del DNI por ejemplo? ¿No sería mejor educar a los chavales en los usos constructivos, positivos y creativos de las distintas herramientas comunicativas que ofrece ahora mismo internet?

Vivimos en la era de la imagen, de los smartphones y de las redes, enredados en ese nuevo mundo digital, virtual y extrañamente comunicativo que hace veinte años apenas era un sueño. Tenemos millones de mundos e inframundos al alcance del pulgar, miles de puertas abiertas a la aventura del conocimiento compartido, pero también miles de puertas hacia lugares oscuros. Por no hablar de que también podemos crear así nuestros propios mundos, con o sin sinapsis. En los planes de estudios de colegios e institutos, sin embargo, esa realidad no se refleja en el temario…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s