OPINIÓN / VILANOS

¿La independencia era el McGuffin?

Necesitamos políticos con otra “actitud”, que contribuyan a mejorar nuestras condiciones de vida, no a empeorarlas

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 14 de octubre de 2017 en El Día de León)

Diez de octubre. Me he pasado la tarde trabajando en el ordenador y, aunque la tele estaba encendida, reconozco que no me he enterado de casi nada. Alguien acaba de poner en facebook: “Puigdemont ha aceptado el consejo de Ada Colau. ¡Bien!”. En el muro de otro amigo (F.T.) leo esta otra ironía: “La declaración de independencia que se pactará será una declaración en diferido en forma efectivamente de simulación, simulación de lo que hubiera sido en diferido en partes de lo que antes era una declaración de independencia…”.

Me cuesta entrar en el tema del independentismo y en la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Porque en la Constitución hay muchos artículos, sobre todo referentes a derechos y libertades de los ciudadanos, cuya aplicación efectiva debería importarnos a todos (políticos y ciudadanos) mucho más, por ejemplo: el 35 (derecho al trabajo y a un salario digno), el 40 (“los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial también realizarán una política orientada al pleno empleo”), el 41 (derecho a un “régimen público de la Seguridad Social para todos” que garantice “asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo”), el 47 (derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada… y derecho de la comunidad “a participar en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”)…

El tema de Cataluña, sin embargo, se impone por encima de todo. Y una piensa: ¿No estarán compinchados estos políticos para entretenernos con este dichoso asunto y que no veamos lo que de verdad ocurre en este país? Entro en infoLibre para leer el análisis del periodista leonés Jesús Maraña, que se titula “Ocho segundos de independencia” y finaliza con esta post-data: “Y mientras tanto, este martes hemos sabido que España es el segundo país con mayor tasa de paro de la OCDE. Urge atender cuanto antes a la cruda realidad, difuminada entre tantas banderas”. Así que busco ese dato del paro y encuentro esto: “Las peores lecturas de desempleo se observaron en Grecia, con un 21% de paro en julio, y en España, donde la tasa de paro se situó en agosto en el 17,1%. Grecia, con un nivel de paro juvenil del 42,8%, y España, con una tasa del 38,7%, también tienen las peores cifra de paro entre los jóvenes”. Si, estamos muy lejos índice de paro de la OCDE, que se sitúa en un 5,8%. Y mucho más lejos aún de ese ‘Club de los países ricos’, donde los niveles más bajos de paro corresponden a Japón e Islandia, ambos con una tasa del 2,8%, por delante de la República Checa (2,9%). Habitamos y compartimos un país en el que la mayoría cada vez somos más pobres, más precarios, y en el que casi uno de cada cinco españoles, según las estadísticas, está desempleado y sin posibilidades de encontrar un trabajo digno. Y eso es algo que tiene consecuencias.

Mientras escucho a un desapasionado Rajoy hablar de deslealtad, me doy otro paseo por las redes sociales, a ver qué se cuece. Y me llama la atención este comentario (del amigo Vm10): “La independencia era el McGuffin. Los abanderados de un lado y del otro… sólo querían sacar lo peor de nosotr@s. Lo más triste y preocupante es qué fácil les es conseguirlo”. Estoy de acuerdo. Y pienso que si algo pone de relieve todo esto es lo difícil que resulta cambiar las cosas, lo inamovible que resulta todo en este sistema social y económico tan enquistado y corrupto. Tanto la Constitución como las leyes deben avanzar, evolucionar y adaptarse a los tiempos. Es inaudito por ejemplo que un Rey, una figura feudal, pueda seguir siendo el Jefe del Estado en una democracia del siglo XXI. Y también es increíble que tengamos unos políticos tan inoperantes.

Por eso he decidido firmar una petición en change.org (y ya van más de 95.000 firmas) pidiendo a Manuela Carmena que se presente como candidata a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones. Dudo que lo haga. Pero si lo hiciera, abriría una ventana a la esperanza. Me gusta esta mujer, que recuerda un poco al viejo profesor Tierno Galván. Y necesitamos políticos capaces de afrontar  los “problemas reales” que acucian hoy en día a tanta gente indefensa ante la crueldad del auténtico “golpe de estado” que llevamos sufriendo casi diez años en forma de “crisis económica”. Políticos con otra “actitud”, que contribuyan a mejorar nuestras condiciones de vida, no a empeorarlas.

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