OPINIÓN / VILANOS

Sobre la muerte de los pueblos

Como dice Luis Antonio Sáez, “un maestro, conexión a Internet o una asociación cultural pueden dinamizar más un territorio que un polígono industrial”

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 16 de septiembre de 2017 en El Día de León)

En cuatro pueblos leoneses —Villademor de la Vega, Lillo del Bierzo, Susañe del Sil y Santa María de la Isla— este año se han cerrado las puertas del cole. En ninguno de ellos se ha podido cubrir el cupo mínimo de cuatro estudiantes, de entre 3 y 12 años de edad, para continuar con la enseñanza Infantil y Primaria. En toda Castilla y León suman 14 las localidades donde, a partir de este curso, las escuelas no volverán a abrir sus puertas hasta… ¿quién sabe cuándo? quizá nunca más. El fenómeno es imparable, y se repite año tras año. Vivimos en la comunidad autónoma más envejecida de Europa, perdemos población a pasos agigantados, la falta de oportunidades laborales está impulsando a los jóvenes y no tan jóvenes a emigrar a donde sea en busca de alguna oportunidad, porque aquí ya no hay ninguna. Cada vez resulta más difícil vivir en un pueblo. El mundo rural hace tiempo que entró en coma, y no parece que haya marcha atrás. En algunas localidades el panorama es absolutamente desolador.

Sin embargo… “un maestro, conexión a Internet o una asociación cultural pueden dinamizar más un territorio que un polígono industrial”. Lo dice Luis Antonio Sáez, profesor de Economía y director de la nueva Cátedra de Despoblación de la Universidad de Zaragoza. Y tiene todo el sentido. Fue el pasado mes de junio cuando la Universidad y la Diputación de Zaragoza anunciaron la creación de la primera cátedra de España dedicada a la despoblación. En estos meses de verano la cátedra ya ha participado activamente en la elaboración del plan contra la despoblación del Gobierno de Aragón, que se quiere aprobar en octubre. Según Luis Antonio Sanz, más que recuperar población el objetivo debería ser “mejorar la calidad de los vecinos que vivan en el medio rural”. Y es obvio. Los pueblos necesitan servicios sociales esenciales, básicos, como sanidad y educación. La conexión a Internet es tan fundamental en los tiempos que vivimos como el agua corriente, la electricidad o el teléfono. No se puede vivir sin eso. Y luego está la cultura, que no solo aporta calidad de vida, sino muchas otras cosas. Porque la cultura es, y puede ser, un importante motor de cambio y transformación de una realidad social y económica deprimida. Por poner un ejemplo: solo hay que fijarse en Bilbao para ver lo que ha supuesto para la ciudad –sumergida en un duro proceso de desindustrialización– un museo como el Guggenheim. En esta provincia también contamos con ejemplos de cómo un centro cultural puede funcionar como revulsivo para toda una comarca y más allá. En ese sentido la Fundación Cerezales resulta emblemática, o el Museo de la Minería y de la Siderurgia, en Sabero, o el MIHACALE de Gordoncillo…

Pero al mismo tiempo tenemos un sinfín de centros culturales en los que se ha invertido muchísimo dinero público y que no sirven para nada, ya que no se les ha dotado de contenido, ni de recursos económicos y humanos. El magnífico edificio de las antiguas escuelas de La Vid de Gordón, en cuya rehabilitación se invirtió hace una década más de un millón de euros (procedentes de los fondos Miner para el desarrollo alternativo de las zonas mineras), es uno de los muchos ejemplos que se podrían anotar aquí. El proyecto contemplaba crear un Centro de Interpretación del Clima. Pero ahí se quedó: en proyecto. No obstante, a mediados del pasado mes agosto, los vecinos de este pueblo tan castigado por el declive y muerte de la minería apenas podían contener la emoción al ver cómo, después de casi 20 años, ese edificio volvía a abrir sus puertas, como un milagro, para mostrar una exposición extraordinaria y didáctica: “Estratos Fracturados”, en la que participan más de cien artistas leoneses o vinculados a León. El departamento de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura, encabezado por Luis García Martínez, se ha volcado una vez más en la realización de una hermosa muestra llena de belleza y coherencia, con un discurso reivindicativo y esperanzador. Si pueden, no se la pierdan, se la recomiendo vivamente. Pero cuando esa exposición se acabe, el 1 de octubre… ¿volverán a cerrarse las puertas del edificio?

Así que ahora que el presidente de la Diputación, Juan Martínez Majo, acaba de anunciar un ambicioso plan, dotado con tres millones de euros, “para mejorar las infraestructuras culturales en los pueblos y poner en valor edificios como casas de cultura y casas blasonadas”, no está de más recordar que también hay que dotar a esos edificios de contenido, recursos y personal. De no ser así, el dinero se habrá gastado en simple cosmética.

 

Anuncios