Sonia Pacho Luengos, en la última página de El Día de León. Fotografía: Ana M. Díez.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

SONIA PACHO LUENGOS

KOSIKAS Y TELARES

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 12 de agosto de 2017 en la última página de El Día de León)

Chalecos sin mangas con mochila caparazón incrustada en la espalda, para ir en bici. Gabanes antimilitaristas de línea sastre. Abrigos que al echar la parte de arriba hacia atrás… se convierten en falda (“¿Por qué falda no para los hombres? ¿Por qué ropa de género?”). Todo muy funcional. Con muchos bolsillos y pistoleras con cremalleras bien puestas, para no perder las cosas… Así es la ropa que diseña Sonia Pacho. Prendas únicas, porque nunca le salen dos iguales, pero también prácticas, cómodas, cuidadas, distintas, con diferentes utilidades… y con un toque punk vintage muy singular.

Sonia llega con su perrito Chuquín en el bolso (“el pobrecito nació con una enfermedad y no puedo dejarle solo, voy con él a todas partes… ¡Parezco Paris Hilton!”) y lo primero que enseña es un portafolios con los diseños de su nueva colección, “No Number’, que parte “de la descontextualización de los campos de concentración” y para la que usará “esas telas a rayas con las que se forraban antes los colchones”. Está muy contenta con este trabajo. “Yo no quiero solo hacer ropa, sino crear, cambiar las formas de vestir, romper con la uniformidad”, apunta.

Sonia Pacho (León, 1977) hizo muchas cosas en su vida antes de descubrir a qué quería dedicarse. Estudió Estética, se licenció en Historia, realizó un máster sobre el Origen y concepto de Occidente, buscó trabajo… Hasta que conoció al zaragozano Fernando Esteban, su actual pareja, “que venía del punk maño y de hacerse sus cosicas con serigrafía”. Con él empezó a estampar camisetas, telas… y aquello le abrió un mundo de posibilidades creativas. “Andaba bastante perdida y eso me centró. Soy autodidacta, utilizo la fórmula ensayo-error, lo que más me gusta de la improvisación es lo inesperado del resultado. Más adelante me matriculé en una escuela para formarme en costura, patronaje, diseño…”.

Ella se siente punk “desde pequeña, es algo intrínseco”, dice. “Me siento cómoda con esta ropa que me remite al Londres de los 70 y 80, a una forma de vida, un estilo, un espíritu, una música, buena gente… El punk no solo es un rollo estético, tiene que ver con un carácter y una forma de preguntarse por las cosas. Y sin duda ha contribuido a que cambiara la sociedad y la manera de mirar a la juventud”.

En 2011 montó con Fernando Esteban un proyecto ilusionante, Kosikas y Telares. Partiendo de la serigrafía artesanal sobre textiles, empezaron a diseñar complementos y a experimentar con materiales reciclados. “No me canso de buscar telas nuevas. Pienso que ahí está la diferencia: en la textura, en la caída…”. En su taller proliferan los retales y prendas en desuso que, a través de técnicas diversas (estampación, collage, impresión…), son reinventadas para convertirse en piezas únicas. Además, son colaboradores de Producciones Infames, una asociación underground artístico-cultural que, hace dos años, organizó su primer desfile en el Colegio de Arquitectos (COAL), donde presentaron la colección ‘Meta A. Morfosis’ (“se subastó y se vendió todo”).

También realizan prendas para grupos de teatro y de música. Como, por ejemplo, “unas camisas de fuerza superchulas para el grupo Esguince de Frenillo”, las ropas de las obras de Acéfalo Narciso Teatro, los hábitos para los conciertos preformativos de Genzo P. y el equipo del Festival TESLA, los vestidos para un videoclip de Saray Murciego, un vestuario medieval para la empresa de cantería Scalpellino Piedra… “En una ciudad como León, salirse de lo establecido te puede marcar para mal. Todavía hay mucha gente que ve la individualidad estética como una amenaza. Pero se están produciendo cambios”, advierte. “Desde Kosikas y Telares buscamos ser una respuesta activa para toda esa gente que se conoce y reconoce como única e individual dentro del todo colectivo que le ha tocado vivir”.

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