OPINIÓN / VILANOS

“España versus España”

Al ver el monolito ‘a los gloriosos caídos por Dios y por España’ de Castrocontrigo, alguien dijo: “Esto hay que fotografiarlo y enviárselo a Carmena

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 22 de julio de 2017 en El Día de León)

El pasado sábado algunos tuvimos la suerte de poder embarcar (gratis) en un autobús de la Diputación, rumbo a La Cabrera, con artistas y gentes de la cultura leonesa, 55 personas en total. El pintor José de León inauguraba en La Baña una exposición recopilatoria, titulada “España versus España”, y allá que nos fuimos de excursión, en un viaje que se convirtió en divertido e incluso paradójico del país en que vivimos.

Por el camino, a media mañana, hicimos un alto en Castrocontrigo, donde el autobús aparcó frente al tremendo monolito “a los gloriosos caídos por Dios y por España”. “Esto hay que fotografiarlo y enviárselo a Carmena”, dijo alguien. Los hitos monolíticos, las esculturas conmemorativas, los monumentos… no solo nos hablan de lo que fuimos y de lo que aconteció en un lugar y en un tiempo. También aportan algo en el presente, aunque solo sea desde el punto de vista estético. Y más allá de la simbología (el ánfora, el escudo con el águila y la cruz, el ramillete de flechas entroncadas con un yugo), el monolito de Castrocontrigo es más que feo: un horror. “En otro pueblo de por aquí hay una escultura en homenaje a Martín Villa, habrá que verla también”, espetó otro de los viajeros. El comentario dio pie a un repaso por los monumentos y placas fascistas de la provincia, y salieron unos cuantos…

Tomamos café y proseguimos viaje. El recorrido por las montañas de la Cabrera es peliagudo. Las carreteras estrechas y vertiginosas tienen muchas curvas. Pero el paisaje es espectacular. En el autobús se contaron algunas historias de maquis. “En estas montañas, sin apenas carreteras entonces, resultaba fácil esconderse de la Guardia Civil y las detenciones se producían, sobre todo, por delaciones. Aquí se vivió una represión feroz”. Hubo quien recordó anécdotas del libro de Ramón Carnicer sobre cómo era la vida, no hace tanto, en estos pueblos pobres y abandonados de la mano de Dios, donde la guerra civil prácticamente duró quince años…

Tras dos horas y media de viaje (150 km.), llegamos El Cazario, un centro cultural y una rareza arquitectónica de paredes curvas, sin funcionalidad aparente, enclavado en una explanada sin árboles, en la bajada al pintoresco pueblo pizarrero de La Baña. El edificio se construyó durante la gestión de la malograda Isabel Carrasco al frente de la Diputación de León, y a ella está dedicada la sala superior, un extraño mirador lleno de pequeños ventanales y con un agujero en el centro, como un ojo, desde el que se observa el piso inferior. El objetivo de este centro, inaugurado en 2014, era formar una base de datos de ámbito nacional e internacional del mundo de la Caza, de ahí el nombre. Pero la falta de presupuesto ha provocado que ese objetivo se posponga sine die, según nos contaron allí. No obstante, y aunque se trate de un lugar recóndito ubicado en un remoto valle, El Cazario funciona como centro de cultura para toda la comarca, y la exposición de José de León es buena prueba de ello y un atractivo más para visitar este verano La Cabrera. Y merece la pena el viaje. Estará abierta hasta el 1 de octubre, de martes a domingo (de 11 a 13 y de 17 a 19 horas) y, en ella, a lo largo de 25 cuadros de gran formato, el espectador podrá descubrir “un país surrealista, lleno de contradicciones y siempre en continua pelea”, en palabras de José de León, quien abre el catálogo con esta cita: “España!!! ¿Por qué no proteges más a tus creadores…? Si cuando pase esta bronca y esta fiesta solo quedarán sus obras, que son las que encumbrarán tu nombre”.

Tras degustar un almuerzo de picoteo ofrecido por el Ayuntamiento de Encinedo, regado con riquísimos vinos de Valdevimbre (bodegas Tampesta), quienes se habían desplazado hasta allí en coches particulares pudieron acercarse al lago (a 10 km.) donde nace el río Cabrera, o a la cascada de La Fervienza, otro sitio precioso, para darse un baño. Los que volvíamos en bus tuvimos tiempo para dar un paseo por La Baña, un pueblo de 484 habitantes, lleno de contrastes urbanísticos, que con sus tres iglesias, tres bancos, tres bares-restaurantes y dos supermercados ejemplifica la transformación que ha experimentado esta comarca en los últimos años, gracias a las empresas pizarreras.

Ya de regreso, estaba previsto parar en el Museo Etnográfico de Encinedo y visitar Iruela, el pueblo del célebre relojero Losada. No pudo ser. El bus volvió a parar en Castrocontrigo, esta vez junto al bar que vende los chocolates Santocildes… Por cierto, riquísimos.

Foto: Gabriel Q.

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