Úrsula Rodríguez posa para Adrián, el fotógrafo que sustituye a Ana M. Díez (durante las vacaciones) en El Día de León. Foto: Eloísa Otero.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

ÚRSULA RODRÍGUEZ HESLES

LEONESA POR AMOR

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 15 de julio de 2017 en la última página de El Día de León)

“Tengo el corazón partío… Aunque nací en Jaén, soy leonesa y andaluza, y muy afrancesada además”. Úrsula Rodríguez Hesles es una mujer culta, vivaz y hermosa en las arrugas que trazan el mapa de una vida plena, rebosante de aventuras. Durante más de cincuenta años compartió su vida con el escritor leonés más añorado y querido, Antonio Pereira. Y desde que él falleció, en 2009, se ocupa de que la Fundación que lleva su nombre, creada bajo los auspicios de la Universidad de León, sirva para preservar y difundir el legado del genial autor nacido en 1923 en Villafranca del Bierzo.

Durante nuestra conversación en su casa de Papalaguinda, con vistas a Poniente, Pereira está presente en todo momento: en sus libros, en las fotos de los estantes y, sobre todo, en las decenas de anécdotas que va desgranando Úrsula (incluidos varios micro-relatos inéditos sobre la figura del pesimista, como ese que dice: “Entró en el pajar y se clavó la aguja”). “Antonio nunca vivió de la literatura, y eso le dio mucha libertad. Pero sigue siendo un gran desconocido, aunque como cuentista… ¡es de lo mejor que ha habido en los últimos 50 años!”. La propia Úrsula, con la ayuda del poeta Juan Carlos Mestre, se ocupó de recopilar los relatos completos de Pereira en el libro ‘Todos los cuentos’ (Siruela, 2012). ¿Se reconoce ella en alguno? “Sí, en muchos. En el titulado ‘El síndrome de Estocolmo’, por ejemplo, me veo claramente”, afirma. Y rememora la anécdota real que inspiró esa historia (un extraño secuestro que sufrieron durante un viaje a Puerto Rico), explicando que “Antonio era muy dado a mezclar realidad y ficción”.

Casi ha perdido el acento andaluz, pero no la sorna ni el carácter independiente con los que la retrata su marido en otro divertido cuento: ‘Llave de U.’. Ella misma se define como “desfachatada” y “muy racional” (su tatarabuelo era alemán). Su padre era médico y, cuando falleció, siendo ella la menor de seis hermanos, su madre se trasladó a Madrid. Allí estudió el bachillerato, se diplomó en Puericultura (“fui la segunda de mi promoción”) y, como premio de estudios, a los 18 años vino invitada a León, donde entonces residía su hermana, a pasar las fiestas de San Juan. “Conocí a Antonio en la cola del cine Crucero, donde ponían ’Casablanca’. Yo iba con unas amigas, cruzamos unas palabras, me esperó a la salida… Y quedamos para ir a una verbena”. En los dos años siguientes se hicieron medio novios, rompieron, volvieron a verse… “Y con 20 años me casé con él”.

Úrsula siempre leyó mucho, desde niña. Estudió inglés e italiano en el bachillerato, y nada más casarse se fue con Antonio a París, a aprender otro idioma. “Estuvimos un curso internos, los dos, en la Alianza Francesa”, recuerda. Ha traducido del francés ‘Tartarín de Tarascón’, de Daudet, y del inglés ‘El príncipe feliz y otros cuentos’, de Oscar Wilde. Y siempre colaboró con su marido, “tanto en la oficina de su empresa como leyendo y corrigiendo sus textos”.

A París y a Francia volverían año tras año, aunque también realizaron “viajes maravillosos por medio mundo”, por trabajo y por placer. “Me he movido mucho, y eso es sano. He vivido por siete, a tope; he conocido a gente extraordinaria…”. De todo ello guarda notas tomadas durante sus viajes, con observaciones muy personales y toda una galería de personajes “que ahora resulta muy divertido volver a leer”. Y se siente satisfecha: “Tengo salud, tengo memoria… y no soy perezosa, me gusta madrugar. Además, en la Fundación queda mucho por hacer”, como publicar las memorias de Antonio, o instaurar unas becas para realizar estudios sobre su obra (“si no hay dinero para eso, yo puedo ponerlo personalmente”, advierte decidida). Al marchar, nos regala el precioso disco ‘Yo, con vosotros’, con poemas de Pereira cantados por Amancio Prada, el último trabajo de la Fundación.

 

Anuncios