OPINIÓN / VILANOS

¿Quién quiere vivir en un pueblo?

“Nuestros gobernantes no parecen conscientes de que una sanidad digna es imprescindible para fijar población en el medio rural

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 29 de abril de 2017 en El Día de León)

“La España vacía”, ese libro más que extraordinario del periodista Sergio del Molino, ha vuelto a poner el tema sobre la mesa: la realidad es que España es un país en gran parte deshabitado. ¿Por qué? Fundamentalmente porque no resulta nada fácil vivir en el ámbito rural. En esta provincia lo sabemos bien. Nuestros pueblos se van muriendo poco a poco y sus habitantes se sienten cada vez más desprotegidos y abandonados. Sobre todo porque, en su mayoría, son gente mayor, cada cual con sus dolencias y sus achaques… Y todos sabemos que la Sanidad, uno de los servicios públicos esenciales, tuvo tiempos mejores. Garantizar la prestación médica gratuita a toda la población supuso sin duda uno de los grandes hitos del sistema político y social de la España contemporánea. Pero la crisis económica y su mala gestión ha traído privatizaciones y recortes que se traducen en falta de personal en hospitales y centros de salud, colapsos en urgencias, listas de espera, demoras en las citaciones, copagos en medicamentos y otras prestaciones…

Los habitantes del mundo rural están sufriendo los recortes de forma especialmente dura. Demasiado a menudo se encuentran con que no pueden acceder con normalidad a la Atención Primaria por la ausencia de profesionales que, por un motivo o por otro (vacaciones, permisos, libranzas posteriores a las guardias de urgencias, días de libre disposición, bajas que no se cubren…), no son cubiertos o suplidos por sustitutos, sino por el resto de los miembros del equipo. Sucede así que los profesionales sanitarios se ven desbordados por el volumen de trabajo, y los usuarios, o se quedan sin poder recibir el servicio, o tienen que resignarse a recibirlo de alguien diferente cada vez, alguien que no conoce las distintas historias clínicas y que no va a poder realizar un seguimiento del paciente como es debido.

Del médico en cada pueblo se ha pasado a la visita de un facultativo unas horas al día, o dos veces a la semana, o incluso una vez cada quince días, como me cuentan que sucede en Maragatería. La situación es extrapolable a otras zonas rurales de la provincia, donde las plantillas de sanitarios han ido disminuyendo y la asistencia médica no ha hecho más que empeorar en los últimos años. Por eso han empezado a surgir plataformas en defensa de la sanidad rural, desde las que se reclaman servicios dignos y, sobre todo, más médicos, enfermeros y auxiliares.

Prácticamente todos los partidos, con excepción del PP, han presentado en los últimos tiempos preguntas y quejas en las Cortes autonómicas sobre esta cuestión que no parece preocupar demasiado al consejero de Sanidad, Antonio María Sáez Aguado. Hace unos meses, cuando intervino en el V Encuentro de Altos Cargos de la Administración Sanitaria, el consejero no tuvo reparo en afirmar que “como en años anteriores, la Sanidad de Castilla y León sale bien parada”, ya que “se ha crecido un poco, pero se ha crecido en índice de satisfacción”, un registro que se mantiene “por encima de la media de las comunidades autónomas”.

Sin embargo, de las preguntas realizadas en las Cortes regionales por los distintos grupos políticos, lo que se desprende es que la asistencia sanitaria en los pueblos y zonas de salud ha empeorado, algo a lo que se suma un claro envejecimiento de la plantilla sanitaria. “Existe una grave dificultad para dar respuesta a las tasas de reposición con profesionales cualificados, ya que estos colectivos no quieren desempeñar su profesión aquí porque tienen peores condiciones salariales y laborales que en otras comunidades”, ha advertido, por ejemplo, el leonesista Santos Reyero. En muchos casos, además, los profesionales sanitarios tienen que pasar “gran parte de su jornada laboral viajando de pueblo en pueblo, es decir, que pasan más tiempo en la carretera que en el desempeño efectivo de su profesión”.

Nuestros gobernantes no parecen conscientes de que una sanidad digna es imprescindible para fijar población en el medio rural. Pero sin este servicio esencial, entre otros… ¿quién va a querer vivir en un pueblo?

Termino recomendando dos libros valiosos relacionados con la España rural y escritos por autores de aquí: uno de ficción, “El color de las hayas”, de Epigmenio Rodríguez, que se lee con placer y de un tirón, y otro más anclado a la realidad, “Palabras mayores. Un viaje por la memoria rural’, resultado del viaje del periodista Emilio Gancedo por pueblos de toda España y de sus entrevistas con gente mayor repleta de sabiduría y experiencias.

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