OPINIÓN / VILANOS

Lo que dicen los sabios que se nos avecina…

“La revolución tecnológica amenaza con traer más paro, pobreza y precariedad a nuestros sistemas sociales machacados por la crisis

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 1 de abril de 2017 en El Día de León)

Vivimos en una sociedad arrugada, que pierde la memoria a pasos agigantados y parece no saber cómo afrontar los nuevos retos. La tecnología anticipa ya una nueva era, en la que cambiarán muchas cosas y en la que tendremos que aprender a sobrevivir como humanos evolucionados. Pero nuestras sociedades necesitan cambios profundos y renovadores, especialmente a nivel económico y político, también en lo ecológico (pensemos en el cambio climático).

El mundo que se avecina se anuncia terrible y fascinante. La revolución tecnológica, con esos robots cada vez más perfectos, y capaces de realizar y resolver más cosas relacionadas con el trabajo que hasta ahora realizábamos los humanos, amenaza con traer más paro, pobreza y precariedad a nuestros sistemas sociales machacados por la crisis.

La ciencia, por su parte, sigue avanzando a pasos de gigante, abriendo horizontes de vida inimaginables hasta ayer, y ampliando nuestra fecha de caducidad. Hasta la revista Time ya ha anunciado en su portada, hace unas semanas, que 2045 será el año de la inmortalidad humana, porque hay investigaciones (en las que se están invirtiendo dinerales astronómicos) que abonan la idea de que “pronto se producirá un momento de singularidad que cambiará la perspectiva que tenemos de nosotros mismos”.

Pero mientras el mundo avanza en este siglo XXI marcado por la inteligencia artificial… la economía y la política, el arte de gestionar la cosa pública (lo común), parece que hubieran retrocedido un siglo atrás por lo menos.

El científico Stephen Hawking se ha manifestado recientemente en ese sentido, augurando que el tan temido Armagedón no vendrá de la mano de los robots, sino que será generado por el capitalismo y la avaricia humana. Según Hawking, “si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo las cosas son distribuidas. Todos pueden disfrutar de una vida de lujos si lo que producen las máquinas es compartido, o más personas pueden terminar miserablemente pobres si los dueños de las máquinas hacen lobby en contra de la redistribución”. La tendencia parece inclinarse “por la segunda opción, con la tecnología volviéndose cada vez más inequitativa”. Hawking, que es bastante pesimista sobre el mundo que estamos creando, no vaticina nada bueno: “Esencialmente, los dueños de las máquinas se posicionarán como la burguesía de una nueva era, en la cual sus corporaciones no proveerán de puestos de trabajo a las personas”.

¿Y qué haremos las personas en esta nueva era? Esa es la gran pregunta.

Dice Jane Goodall, la primatóloga británica que revolucionó nuestras ideas sobre los primates hace seis décadas, que “los humanos, como especie, vamos para atrás”, y que “el mundo se está convirtiendo en un lugar que da mucho miedo”. Dice: “Los grandes problemas del mundo, en mi opinión, son: esta sociedad codiciosa y materialista, el crecimiento de la población, la pobreza y la falta de educación”.

Otro científico como Carlos López Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo , apunta lo siguiente: “Se trabaja intensamente en hacer más inteligentes las máquinas, pero a mí me gustaría que se avanzara en hacer más sabias a las personas y que se aprovecharan mejor los talentos, porque esas son las claves del futuro de la humanidad”. Y añade: “En el futuro habrá que invertir en conocimiento para mejorar la vida de todos, no para alargar innecesariamente la vida de unos pocos privilegiados”.

Esto es lo que augura López Otín: “La vida será muy distinta dentro de 100 ó 200 años. Jugando con la imaginación, podemos decir que el ser humano tendrá los ojos mucho más grandes, como corresponderá a una cultura visual; contará con menos memoria y dispondrá de unos dedos más estilizados para adaptarse a los teclados, a la digitalización del lenguaje”. Según él, las profesiones del futuro serán las de “reprogramador celular, editor de genomas, lector de mensajes genéticos, analista de riesgos genómicos e incluso ingeniero de sentidos. Descubriremos sentidos nuevos y adoptaremos capacidades ahora reservadas a los animales y las plantas”.

Bueno, eso suponiendo que no empiece esa tercera guerra mundial sobre la que Albert Einstein también vaticinó aquello de “no sé como será, sólo sé que la cuarta será con palos y piedras”.

 

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