La escritora Susana Barragués fue la encargada de trazar mi semblanza en el XXXI Día de las Letras Leonesas que se celebró en el Colegio Marista Champagnat de León el viernes 31 de marzo de 2017. Un día entrañable, cariñoso, bonito y emocionante. Gracias a todos alumnos, a todos los profesores, a las madres del AMPA y al director Juanjo, también a todos los que nos acompañaron en ese día precioso. 

(Nota de Elo: Me da mucho pudor poner esta semblanza aquí, por razones obvias, pero sé que Susana la ha escrito con el mayor de los cariños… y así la recibo, un poco también como un regalo exagerado, que me ruboriza)

Eloísa: el halo rojo de la poesía 

Semblanza de Eloísa Otero
por Susana Barragués

Periodista, escritora, poeta, bloguera, editora, crítica y selectora, promovedora, valedora y rescatadora de escritores, poetas, pintores y creadores leoneses y universales.

O recurriendo a los símbolos polares que su poesía y creación transpiran: pirata, maga verde, intérprete del mapa del tesoro, Mérida celtíbera, empuñadora de la sal, conjuradora del brebaje de los brezos, relámpago puro en tempestad oceánica, duende metafísico, moneda de oro rojo y nudo marinero, runa castellana, ailalá de las pandereteiras, pianista de nanas para arrullo y médium de rebeldes, despedidos, desaparecidos, desentendidos, poetas, parados, punks, combativos, supervivientes y vencidos.

Vinculada por nacimiento a la ciudad de León, se licenció en Ciencias de la Información y ejerció como periodista en varios diarios impresos, como La voz de Galicia, Atlántico Diario, Diario de Galicia, La Crónica de León y El Mundo. Estrenando la escritura con aquel extraño invento, el PC, comenzó no sólo a imprimir noticias, notas de prensa y entrevistas, sino a configurar lo que más tarde sería su desbordante actividad digital: primero desde el blog de literatura, arte y creación “Isla Kokotero”, que como buena isla pirata, desapareció sin dejar rastro en el mapa del .com y después, como co-directora de la revista cultural digital Tam Tam Press. Actualmente es colaboradora de prensa en El Día de León, y ha dirigido y dirige, además, innumerables ciclos de poesía y creación, para instituciones como el Ayuntamiento y la Diputación de León, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC).

Como el electrón de Shrodinger, del que sólo podemos afirmar que tiene cierta probabilidad de encontrarse en algún punto del espacio, es mejor definir a Eloísa desde la imposibilidad de que exista espacio en que no esté. No hay recital, publicación, presentación, experimentación o performance, conferencia, exposición, alumbramiento de nueva voz poética a la que esta genio de la lámpara de Aladino, tocada tres veces en su timidez, no haya asistido, haciendo uso de su don de ubicuidad transparente. Así, más de tres décadas de colaboraciones, traducciones, presentaciones, si dar ni un respiro a los incrédulos del arte del futuro, arte -creación- que para Eloísa significa la demanda de una nueva re-distribución justa y digna de las oportunidades, en la pirámide hoy más salvaje que nunca de la desigualdad y el desempleo.

Testigo de la eclosión poliédrica de los 80, de la despoblación rural, de la creación de barrios nuevos, bares nuevos, sedes nuevas –ese amada buhardilla del CCAN, que tanto significó para creadores leoneses- y de la delirante crisis, que instó todavía más a la deslocalización y precarización de las profesiones liberales como la del periodismo, e instaló ya para siempre el nuevo paradigma del mundo postindustrial, a saber: líquido, incierto y global. Pero este tiempo es también el del salto a la era digital y a la difusión como mancha de aceite por la red –miles de lectores consultaron su blog, Isla Kokotero, durante el tiempo que estuvo en activo-. Son estos datos que hoy viajan en fibras ópticas los que Eloísa hila en su telar de voces y conciencias críticas y lúcidas. Así, dice en esta composición: “LOS POEMAS: Como enredando hebras de lana virgen/ alrededor de un huso/ pero sin tiempo para hilar/ la hebra/ y que crezca larga con las caricias de los dedos/ a falta de rueca/ hilar al hilo/ de los días, hasta que encallezcan/ las yemas del índice, del pulgar,/ del anular”

Esta Penélope del telar de megas que es internet, jamás se desinfló ante la super-abundacia de la información en red, sino que picó y sigue picando en las entrañas de la mina de datos universal y total, en busca de diamantes brutos. Así, se adaptó como periodista vocacional que es, lúcida y autodidacta, a la avalancha creativa y comunicativa de la edad virtual. Eloísa es hoy: procesadora de textos, blogs y diarios, wikipeadora, avivadora de foros de discusión, incansable redactora de emails, editora de contenidos para webs, diseñadora de wordpress, posteadora en Facebook, gestora de redes, volcadora de materiales gráficos, rescatadora y publicadora de poemarios digitales propios y ajenos e impulsora de nuevos proyectos digitales, como la ya mencionada revista Tam Tam Press.

Etiquetar, editar, alimentar un blog, publicar a diario, categorizar, transcribir, entrevistar, informar, verificar, comentar, moderar, opinar, traducir, redactar en modo freelance. Eloísa es ese referente-guía que a muchos escritores nos llevó de la mano por los pasillos de la biblioteca infinita de Borges. Porque el Todo, el aleph interconectado, es hoy ya una realidad. Y si, como anunciara Borges, algún día se encontrara esa esfera relumbrante con centro en todas partes y circunferencia en ninguna, donde se puede ver el antes y el después, no cabe duda, Eloísa será la primera en postear la noticiar a través de Facebook.

Porque cuando no teníamos google, Eloísa era nuestra buscadora en el cosmos creador: ella sabía qué poeta, qué lectura, qué libro extraño nos estaba llamando, y nos cedía su biblioteca, su sillón y hasta su mesa para que encontráramos la solución antes de pensar en la respuesta.

Sólo una faceta separa a esta bloguera del 3.0 (infinito.0) de otros compañeros de profesión, periodistas más volcados en la literalidad del lenguaje. Su piedra dos veces tropezada, su debilidad: la poesía. Su inclinación por lo inefable, lo tras-más-allá, lo no-te-se-decir, se reveló con Cartas Celtas (Diputación de León, 1995) y Tinta Preta (Diputación de León,1999), dos títulos imprescindibles en la obra de esta escritora.

Con Cartas Celtas Eloísa nos dio las llaves de su buzón secreto, activando para siempre el eco en nuestra caja de resonancia poética. Porque Cartas Celtas nos introdujo, a tantos lectores, en la etérea magia del poema pudoroso, en esa timidez romántica y magnética, dejándonos observar el diálogo epistolar como observadores de un hilo de comunicación muy fino que se puede romper en cualquier instante. Hay en este libro ciertas isotopías semánticas o redes léxicas que permiten adivinar –en un intento de aproximación- su sentido, como la isotopía de la escritura: “carta, palabra, traducción, letra, papeles, lápiz” y la isotopía de la ausencia: “no estar contigo, silencio, no llamas, distancia” o de la presencia: “encontrarse, contigo, permanencia, hablar, estar”. Apostamos así a que Cartas Celtas es la transcripción de una comunicación dolorosa e intensa entre dos almas celtas que se corresponden. Dice la autora: “La única manera de estar cerca de aquello que está lejos es seguir estando lejos”, cuando sin embargo, es Eloísa, la poeta virtual, la que con más fuerza reclama la presencialidad de los encuentros reales, “Quiero que aprendas el duro ejercicio del habla, del rigor que exige la puesta en escena de los sentimientos más audaces”, sentencia.

Su lenguaje conciso y breve, minimalista, aspira siempre a quedarse con la esencia de esas cosas pudorosas, reticentes a dejarse ver. Pausas, suspensiones de los enunciados, musicalidad del poema fragmentada en ritmos híbridos, a veces bien definidos en un verso: “hazlas confeti si puedes” y a veces tomados con naturalidad del lenguaje oral: “para más adelante” o rematados en enunciados breves y directos. “No atino, no hay tacto”.

Elipsis y sintaxis fragmentada, abstracción de unas palabras que no abandonan el plano tangible, real, porque Eloísa es poeta de la cotidianeidad misteriosa, curiosa de ese halo que desprenden los objetos cercanos: “Folio en blanco. El resto de todo lo narrable se reduce a mal tiempo”. Así, como marinera observadora de las señales de cambio de los cielos, los avisos de tormenta o tempestad, observa Eloísa el devenir de las cosas.

¿Cuánto hay de ficcionalidad en Cartas Celtas, en este mundo donde la verdad –hoy más que nunca- se enfrenta a la veracidad? ¿Qué distancia hay entre el yo-real y el yo-poético de la obra de Eloísa? Buscando, desde la óptica de la pragmática, los actores del discurso, asumiendo que la poesía tiene emisores múltiples y receptores múltiples, todos los que hemos leído este libro queremos creer que es un ejercicio de pura sinceridad, con las que nos invita a entrar en ese mundo celta, imantado, de raíces míticas salvajes y leyes ancestrales. Las cartas parecen estar dirigidas a un tú-poético, el receptor invisible, pero también un tu-universal, que somos todos los lectores, con la mente dispuesta a entrar en ese juego que es el discurso poético.

Metalingüísticos y sentimentales, a decir del teórico Manuel Rico, son algunos de los clichés que se otorgan a los poetas que han creado en década de los 90 y a partir del año 2000. “Poesía de introspección emocional y contemplativa,  que apunta a la indagación en un intimidad radical, en el límite del existencialismo, poesía de entrañamiento con la naturaleza”, pero también “poesía que apuesta por la insurrección del lenguaje desde una conciencia crítica frente a la realidad, comprometida con la modificación de un mundo radicalmente injusto”.

El carácter metalingüístico, esto es, la indagación en el proceso de escritura, es recurrente en la obra de Eloísa. Apunto algunas de las interrogaciones que hace Eloísa como poeta: ¿Es la escritura la que crea la emoción, o ésta existe previamente y la escritura sólo la suscribe? ¿Inventamos sensaciones cuando las escribimos, o son en esencia verdaderas, y el poema un mero registro? Cito aquí este verso de Cartas Celtas: “El acto de la escritura es posterior al dolor. Lo suscribe”. O “por eso escribo yo reconcentrada sobre las cosas. / porque carecemos de signos con que poder designarnos, / y toda aquella tristeza de calores comunes (…) está indocumentada.”

También ha reflexionado sobre el significado y el sentido o traducción de otros tipos de lenguajes artísticos, como el de la pintura, disciplina a la que le une la vocación de su amigo y pareja Juan Rafael Murciego. “… pero los signos caen del cielo, / son ilegibles sobre el papel de arroz, / enigmas / sin sentido. / (su escritura no es un hecho del lenguaje)”. “…y ni la lluvia logra embarrar las huellas / de una escritura anterior a la palabra / escritura que nada transcribe ni comenta / inconvertible en sonidos / deriva caligráfica.)”. Porque como dice Wagensberg: “el acto artístico transforma complejidades interiores presuntamente infinitas en cuadros, poemas, composiciones finitas en el espacio y en el tiempo.” Y es este “un proceso irreversible, como lo es el lenguaje, en el proceso de atravesar la realidad se pierden los matices de la esencia.”

Pero por encima de estas reflexiones acerca del acto de la escritura, no renuncia Eloísa a la finalidad perlocutiva del poema, según Salvador Gutiérrez, ese “mover al lector” o ese mover los afectos para después mover los agentos, de la Poética de Luzán. Así, Eloísa entiende que escribir un poema es encender una hoguera “Para (…) atravesar las historias de los que nunca volvieron / para decir que esperaban algo mejor / de este mundo real que es el nuestro / y que aquello a lo que fueron sometidas nuestras vidas / sigue siendo intolerable. / (Cuando se dice de algo que es intolerable / resulta inevitable pasar a la acción)”.

Con esta llamada a la acción, Eloísa ha conseguido mover a este colectivo de estorninos ensoñadores y absortos que somos los poetas, dormidos, preocupados, perdidos, en las ramas de los árboles simbólicos, y nos ha dado ese silbido por el que, con el corazón en vilo, nos hemos lanzado al vuelo, creando una mancha viva de creadores en red, vinculados para siempre a esta ciudad. Todos, a través de ti y gracias a ti, Eloísa, hemos crecido como autores, pues nos has dignificado, transmitido y retransmitido para el hoy y el futuro, haciéndonos más seguros y valiosos, conscientes de que la poesía es el único lenguaje que raya en la verdad más pura, verdad con la que debemos construir no sólo un futuro, sino también un pasado con el que reconciliarnos.

“Algo empieza./ ¿es el aire / resuelto en la luz?”, escribía Victoriano Crémer. No les quepa duda, si algo empieza y es poesía, ahí estará Eloísa para contarlo.

Retrato de Eloísa Otero realizado por Samuel, alumno del Champa, en las paredes del cole.

 

 

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