OPINIÓN / VILANOS

¿A quién le importa la cultura?

“Hoy, las políticas culturales son irrelevantes o brillan por su ausencia. El sector de la cultura ha sufrido la crisis como ninguno

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 18 de marzo de 2017 en El Día de León)

Apenas ha tenido repercusión mediática la III Conferencia Estatal de la Cultura que, hace una semana, reunió en Valladolid, durante tres días, a unos 200 gestores culturales de toda España. Quizá, como apuntó alguien en una de las mesas redondas, “la cultura de la que hablamos aquí no es relevante en la vida de la gente”. Quizá el hecho de que no hubiera alguien encargado de prensa (es decir, de redactar y resumir las ponencias e intervenciones para enviarlas a los medios que luego “copian y pegan”) también contribuyó a la poca visibilidad de un evento que, desde un principio, se ha disuelto en esa sociedad líquida que describió Zygmunt Bauman. Pero lo cierto es que la cultura no interesa, ni a los medios de comunicación, ni a los políticos, ni a la mayoría de los ciudadanos, más preocupados por cómo resolver el día el día en una sociedad cada vez más hostil.

¿Para qué sirve un encuentro como este? Para hablar de cómo está la cultura, para poner “en común” el estado de las cosas en lo cultural. Y realmente está bastante mal, a juicio de prácticamente todos los gestores, escritores, sociólogos, pensadores y otros participantes, aunque la directora general de Políticas Culturales de la Junta, Mar Sancho, defendiera lo contrario en el discurso con el que inauguró oficialmente el evento. Y es que, según Mar Sancho, que se presentó a los asistentes como “escritora”, las industrias culturales “han sabido aguantar muy bien” los “duros años de la crisis”, a base de “innovación y talento”. Sí, nuestros políticos parece que viven bastante ajenos al duro mundo de la cultura (entendida como “hecho”, no como “negocio”). Y también a la política le faltan referentes culturales.

La cultura, para muchas personas, puede ser algo un tanto ajeno, lejano, e incluso elitista, sectario… Y sin embargo es un todo en el que no solo se funden las artes y las ciencias, es conocimiento que genera pensamiento capaz de cambiar el mundo, es el sustrato que nos define y marca la forma de entendernos y de relacionarnos socialmente, de enquistarnos o de crecer y evolucionar como humanos, abiertos a nuevas perspectivas y horizontes, a nuevos modos de vida marcados por tecnologías y herramientas inimaginables hace solo unos años. La cultura es un poso civilizatorio, y ayuda a comprender al otro. “Cultura” es una palabra que tiene que ver con “cultivar”, es decir: sembrar, regar, cuidar, alimentar algo que dará sus frutos y nos nutrirá como personas y como ciudadanos, enriqueciendo nuestro patrimonio común y alumbrando las posibilidades de construir un mundo mejor para todos.

El caso es que después de tres días de conferencias, mesas redondas, encuentros con amigos y colegas y algún que otro paseo por Valladolid… volví a casa con una libreta llena de citas y notas y con un montón de interrogantes en la cabeza. Y también con una sensación de malestar, un tanto freudiana, relacionada con las reflexiones surgidas a partir de todo lo que se expuso allí: “¿La cultura es un lujo o una cuestión de primera necesidad?”. “La cultura como derecho frente a la cultura como industria”. “¿Quién puede ir a los centros culturales? Familias de clase media, gente que tiene tiempo libre…”. “La política cultural la está haciendo gente que no sabe nada de política cultural, y que no sabe usar las herramientas necesarias para que sirva a los ciudadanos”…

Dos de mis conclusiones del encuentro son estas: “hoy, las políticas culturales son irrelevantes o brillan por su ausencia” y “el sector de la cultura ha sufrido la crisis como ninguno”. “La España vacía”, sobre la que Sergio del Molino pronunció la charla inaugural, es una metáfora válida, también, a la hora de hablar del paisaje cultural en España, donde las enormes inversiones realizadas en los últimos 20 años en “infraestructuras culturales”, es decir, en grandes contenedores (museos, ciudades de la cultura, auditorios, palacios de exposiciones y congresos, antiguas fábricas…) no han servido más que para endeudarnos durante décadas. Ahora mismo, la mayoría de esas infraestructuras están como nuestro país: vacías, semivacías, en decadencia…

Sin embargo, como comentó el poeta Gamoneda en el discurso que cerró la Conferencia, la cultura sirve para actuar sobre la vida y “hacerla mejor”, ya que es capaz de transformar valores, y “sólo transformando valores podremos cambiar la economía”. Claro que… ¿a quién le importa la cultura?

Javier Brun, Josefina López Galdeano, Ramón Sangüesa, Ignasi Labastica y Eloísa Otero, durante la mesa redonda dedicada a “Cooperación y cocreación cultural”, en la III Conferencia Estatal de la Cultura celebrada en Valladolid.

 

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