El fotoperiodista JM LÓPEZ en la última página de El Día de León. © Fotografía: Ana M. Díez.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

JM LÓPEZ

UNA CÁMARA EN EL LADO OSCURO

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 11 de marzo de 2017 en la última página de El Día de León)

Hace poco que llegó de Roma, donde todavía se pueden ver sus fotografías en la exposición “Upfront”, reivindicativa de los trabajos de 23 fotógrafos españoles y latinoamericanos que retratan la guerra en el mundo actual.

José Manuel López (León, 1971) cuenta que se hizo fotógrafo por casualidad. “Empecé Geológicas en Oviedo, no me fue bien y me apunté a un módulo de Fotografía. Cuando volví a León surgió la posibilidad de hacer prácticas en La Crónica y me quedé once años”. Hasta que llegó la crisis y el periódico empezó a echar gente. “Fui el primero de los fotógrafos despedidos, en 2009”.

Antes de eso ya había empezado a viajar a lugares en conflicto, como Afganistán, cuando cayeron los talibanes. “Siempre me gustó hacer reportajes, de todo tipo, no solo de guerra. Y aprovechaba las vacaciones para irme por ahí. Porque en un periódico al principio aprendes muchísimo… pero con los años acaba siendo un poco aburrido”. Un reportaje que le impactó fue la exhumación de restos de represaliados en el Pozo Grajero de Lario (1998). “Fue de esas pocas veces que notas que tu trabajo sirve para algo; y aquello sirvió para dar un empujón a las asociaciones de memoria histórica, para buscar a los desaparecidos en todo el país”. Por eso, cuando se quedó en el paro, no lo dudó: viajaría a donde nadie quiere ir, para contar lo que sucede.

En los últimos siete años este fotógrafo inquieto y altísimo con aspecto desgarbado de “ramone”, tímido y de pocas palabras, aficionado al cine y a la lectura, no ha parado de coger aviones con rumbo a los lugares más peligrosos del planeta. Si no fuera por reporteros como él, jamás sabríamos lo que ocurre en las zonas más oscuras: Irak, Palestina, Ucrania, Irán, Kosovo, Haití, Guatemala, Congo, Somalia, Sudán… y Siria, donde estuvo diez meses secuestrado por los islamistas junto a los periodistas Antonio Pampliega y Ángel Sastre.

Fue en 2011 cuando conoció a Pampliega y desde entonces viajan juntos siempre que pueden. Uno se encarga del texto, el otro de las fotos y entre los dos comparten los gastos que supone dedicarse a esta profesión de manera “freelance”, es decir, desplazamientos, hoteles, alimentación y “fixer” (personas locales que hacen las veces de traductor y chófer). El mundo del periodismo está fatal y resulta difícil ganarse la vida con esto aún publicando en grandes medios nacionales e internacionales. Es colaborador de la Agencia France-Presse (AFP), e incluso de una modesta plataforma digital como Tam Tam Press, a la que durante los últimos años ha enviado de forma generosa sus reportajes. Cada uno de los lugares en los que ha trabajado le ha dejado huella, en especial Siria, a donde ha ido siete veces. “Lo que está pasando allí es brutal, y van seis años de guerra… Dudo que pueda volver, el régimen a nosotros no nos va a dar el visado y los rebeldes ahora se dedican a secuestrar periodistas. La única zona donde se podría trabajar es la parte kurda del país”. ¿No sientes miedo?, le pregunto. “Ya son años. Se trata de poder controlarlo”. ¿Lo que más te impresiona? “El dolor de la gente, que es el mismo en todos lados. Soy poco de llorar, pero se te encoge el corazón cuando ves a la gente sufrir”.

En estos días ya está planeando su próximo viaje. Ganar prestigiosos premios de fotoperiodismo, como el que acaba de recibir en Japón por su reportaje “Después de la batalla en Kobane” (Siria), da visibilidad a su trabajo y es otra fuente de ingresos. ¿A dónde irá? “A donde haya lío”. En Ucrania “parece que hay movimiento”, pero quizá vuelva a Irak (donde ya estuvo hace dos meses, cerca de Mosul, visitando las poblaciones arrasadas y recuperadas al ISIS). “Hay que trabajar, aunque lo hagamos en condiciones cada vez más difíciles, y mal pagados. Es necesario ir y volver para contarlo… Además esto es lo que más me gusta hacer”.

 

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