OPINIÓN / VILANOS

Diversidad e igualdad

“¿Cuándo dejaremos de hablar de hombres y mujeres para empezar a hablar de “personas”, con independencia del cuerpo, el género y la orientación sexual de cada cual?

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 4 de marzo de 2017 en El Día de León)

Mientras escribo estas líneas son ya 17 las mujeres asesinadas en España en los dos primeros meses de este año, víctimas de la violencia machista. Como dice la escritora Marifé Santiago Bolaños, ojalá llegue el día en que se hable de la violencia de género como algo del pasado, como se habla ahora del canibalismo en Atapuerca. Sin embargo, hasta que no se acepte la diversidad, no habrá igualdad, ni libertad, ni armonía, ni respeto. ¿Cuándo dejaremos de hablar de hombres y mujeres para empezar a hablar de “personas”, con independencia del cuerpo, el género y la orientación sexual de cada cual?

En un momento dado nos parece inconcebible que una asociación ultraderechista saque un autobús a la calle con un eslogan transfóbico que ha dado la vuelta a España sin necesidad de gasolina. Pero ese eslogan, que no voy a repetir aquí por razones obvias (y que abunda en la diferenciación discriminatoria y radical de sexos), parece grabado a fuego en nuestra sociedad, de múltiples formas. Hace solo unos días, por ejemplo, en un instituto de Villablino, un profesor de religión afirmó en una de sus clases que la homosexualidad es una enfermedad incurable. Un alumno le plantó cara y anunció que él era homosexual y que no se sentía enfermo. Un gesto valiente, por cierto, el de realizar una confesión así en medio de la clase. La respuesta del profesor fue desearle al alumno “una pronta recuperación” y que “pudiera ser una persona normal en el futuro”. El asunto ha llegado a la Consejería de Educación, que ha abierto una investigación para esclarecer lo ocurrido, aunque lo más probable es que todo se quede en eso, en una anécdota más. Y sin embargo… la educación es vital en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

Dice el académico y escritor Félix de Azúa que los analfabetos han tomado el poder, que la universidad agoniza y que el paisaje político es desolador fuera y en casa. Tiene razón. Pero haría bien en mirarse un poco al espejo. Hace casi un año, este mismo académico le lanzaba esta perla a Ada Colau: “Una ciudad civilizada y europea como Barcelona tiene como alcaldesa a Colau, una cosa de risa. Una mujer que debería estar sirviendo en un puesto de pescado”. Palabras que levantaron ampollas. Porque se puede ser muy culto y muy leído, e incluso académico de la RAE… y mantener actitudes y comportamientos absolutamente machistas.

No es nada nuevo. Vivimos en una sociedad patriarcal, y quienes insultan a las mujeres de una manera tan burda está claro que no quieren ningún cambio. Por eso les molesta tanto que las mujeres hayan empezado a copar puestos de primera línea en política. Pero con lo que no pueden es con que algunas de estas mujeres, además, quieran romper tanto con la estética que se les impone como con la tradicional forma de hacer las cosas en política a lo largo de los años.

Puta, fea de cojones, vieja ridícula, amargada, bollera, gorda, frígida, fondona… son algunos de los calificativos más usados contra las políticas de nuestros días por parte de tertulianos, escritores, opinadores, periodistas y… políticos. Las redes y los medios de comunicación están llenos de ejemplos. ¡Basta ya!

El próximo 8 de marzo las mujeres de más de 40 países del mundo estamos llamadas a una huelga internacional contra los feminicidios, la desigualdad salarial y la explotación económica. Esta huelga está impulsada por el movimiento “Ni Una Menos” surgido en Argentina, un país donde la violencia machista ha adquirido tintes espeluznantes.

Yo me sumo. Las mujeres nos queremos vivas, nos queremos libres e iguales en derechos, en salarios, en responsabilidades…  Y tenemos claro que nuestra lucha empieza en nuestro entorno más cotidiano. Así que, amigos machitos, a ver si espabiláis un poco. Sobre todo en casa, pero también en el trato, en el tajo, en el pensamiento y en la acción, en lo que supone estar, hablar, colaborar y compartir mundo y vida con el resto de los seres que pueblan este planeta, entre ellos las mujeres. Mucho “brother” por aquí y por allá, mucha palmadita en la espalda a los colegas troncos de juergas y cañas, pero nosotras seguimos siendo como mucho “primas”, porque en el fondo poco queréis saber de “sisters”, hermanas, compañeras, colaboradoras, amigas… Somos las primas (las de riesgo y las incautas). Y estamos hartas.

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