OPINIÓN / VILANOS

Intolerantes e intolerables

“Hannah Arendt, la gran pensadora del siglo XX, defendía, por encima de todos, el derecho de todo ser humano a habitar la tierra

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el sábado 4 de febrero de 2017 en El Día de León)

Hay diferencia entre ser intolerante y ser intolerable. Algunas veces ambas características confluyen en personas, políticas, regímenes: dictaduras, fascismos, totalitarismos, fundamentalismos, absolutismos y otros radicalismos crueles y violentos, regímenes esclavistas y elitistas, basados en el sometimiento y el miedo, en el despojamiento de derechos fundamentales del ser humano.

No se puede tolerar que el presidente intolerante de uno de los países “democráticos” más importantes de la Tierra comience su mandato apoyando la tortura y fomentando la violencia, incitando al odio y cerrando las fronteras a quienes él señale como indeseables porque sí. No podemos callarnos.

A estas alturas de la Humanidad y de la Historia, de la inteligencia, la experiencia y el progreso, a estas alturas de la ciencia y la cultura, los seres que compartimos esta condición, la de “humanos” (más de 7.000 millones en todo el planeta), no podemos tolerar la imposición de políticas “anti-humanas” e “inhumanas” por parte de gobernantes como Trump, Bashar al-Asad, Putin, Jinping, Erdogan y una larga lista…

Así que el pasado martes firmé la Carta Mundial Abierta a Donald Trump promovida por Avaaz.org, una organización civil global fundada en 2007 con el objetivo de “movilizar a los ciudadanos del mundo para cerrar la brecha entre el mundo que tenemos y el mundo que la mayoría de la gente quiere”. En ese sentido, aplaudo a Manuela Carmena y a Ada Colau, alcaldesas de las dos principales ciudades españolas, por manifestar de forma clara y rotunda lo que pensamos y compartimos tantos ciudadanos de este país y del mundo entero, mientras otros políticos como Esperanza Aguirre (aquella ministra de Cultura para la que Saramago era “Sara Mago”) nos muestran una vez más su ignorancia y su incultura.

Como ciudadana de una España y de una Europa “democráticas”, me gustaría que los gobernantes de mi país y de la UE, sean del partido que sean, empezando por el alcalde de mi ciudad y terminando por el presidente del Gobierno y los de las principales instituciones y países de la UE, fueran igual de rotundos que Carmena y Colau a la hora de alzar la voz contra los abusos y las injusticias de un presidente como Trump, Si, el mundo entero debería plantarle cara a este personaje que pretende gobernar en contra de la Humanidad, aunque haya sido votado por un amplio porcentaje de estadounidenses. Pero no solo hay que plantarle cara a él. Aquí también tenemos Trumps, aquí también hay muros y cierres de fronteras, y un ejemplo es la cruel e insensible política europea con los refugiados, a todas luces inmoral e inhumana. Intolerable.

Hannah Arendt, una de las grandes pensadoras del siglo XX, defendía, por encima de todos los derechos, el derecho de todo ser humano a habitar la tierra. Los nazis, al decidir que una determinada tierra pertenecía al pueblo alemán y sólo a ellos, de suerte que podían decidir quién podía habitarla y quién no, cometieron, según Arendt, el mayor crimen contra la Humanidad, mucho más grave para ella que los hornos crematorios —que serían una consecuencia de lo anterior—.

El filósofo Reyes Mate lo explica muy bien en una entrevista que se puede encontrar en la Red, titulada: “La actitud de la Unión Europea con los refugiados es un ejemplo elocuente de degradación moral”. Dice Reyes Mate: “La nueva Europa, esto es, la Unión Europea, nace en los campos de concentración, como rechazo a la experiencia totalitaria nazi y estalinista. (…) Lo que resulta sorprendente es que hoy (…) las democracias europeas recurran a la misma figura, el campo de concentración, para resolver el problema siempre presente de los refugiados”. Y añade el filósofo: “La actitud de la UE sobre los refugiados atenta al derecho internacional y a la propia normativa de la UE. (…) Pero sobre todo expresa en grado eminente la inconsciencia de los propios ciudadanos europeos que, al haber entregado la política a los poderes económicos, nos convierte a todos en potenciales refugiados. El poder puede hacer de nosotros en cualquier momento un refugiado”.

No queda otra. Ante la vulneración de derechos fundamentales, esos que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 establece que “deben protegerse en el mundo entero”, urge la protesta. No podemos callarnos. Hay que pasar a la acción.

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