OPINIÓN / VILANOS

Los matemáticos no juegan a la lotería

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 27 de noviembre de 2016 en El Día de León)

Hace más de 200 años, Thomas Jefferson, el que fuera tercer presidente de Estados Unidos, dijo (o al menos a él se le atribuye la frase): “El desconocimiento de las matemáticas convierte a la lotería en un impuesto que recae solo en aquellos que quieren pagarlo de buena gana”. Las cosas no han cambiado mucho. La lotería sigue siendo un impuesto estatal que pagamos de forma voluntaria por invertir en la quimera de una lluvia repentina de dinero que dará un respiro a nuestros agujereados bolsillos, sobre todo ahora que, en general, cada vez somos más pobres y ni siquiera el trabajo es capaz de garantizarnos una vida decente y digna.

Quien más gana con la lotería es el Estado que, a través de Hacienda (y Hacienda “somos todos”), se embolsa un 30% del dinero recaudado y además le arranca un mordisco del 20% a cada uno de los premios mayores de 2.500 euros. Fue en 2013 cuando Cristóbal Montoro instauró esta última tributación a título de “impuesto de solidaridad temporal”, para ayudar a que España cumpliera sus objetivos de ajuste. Y ahí se quedó. (Según la asociación de loteros ANAPAL, la medida de Montoro ha causado un descenso del 20% en las ventas).

Se calcula que cada leonés gastará este año una media de 88 euros en la Lotería de Navidad. Como curiosidad, decir que la imagen de cada uno de los 160 millones de décimos puestos a la venta en 2016 se centra en un retablo de una capilla de la catedral de León, la capilla de San Ildefonso (el mismo santo que da nombre al colegio madrileño cuyos niños llevan más de dos siglos cantando los números de la Lotería Nacional). Otro dato anecdótico: en León solo ha tocado el Gordo del sorteo navideño cuatro veces en más de 200 años.

Sí, jugar a la lotería supone invertir en una ilusión, porque a alguien le cae un premio de vez en cuando, aunque también haya veces, más de las que pensamos, en que no le toca a nadie, porque no todos los boletos se venden. Pero a quien siempre le toca es al Fisco (es decir, “a todos”), que puede ingresar unos 1.500 millones de euros al año, más o menos, gracias a los dividendos que le consigue la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (Selae), empresa pública que gestiona los distintos sorteos y que, con 8.500 millones de euros de facturación anual (de los que el 30% procede de la recaudación de la Lotería de Navidad), es sin duda una de las empresas más rentables del Estado.

Este año la Lotería de Navidad repartirá 2.300 millones de euros en premios, 70 más que el año pasado, y ha puesto a la venta cinco millones de décimos más que en 2015. El Gordo repartirá un total de 660 millones, cuatro millones por cada serie; el segundo premio repartirá 206 millones (1,5 millones a la serie); y el tercero, 82 millones (500.000 euros a la serie).

Si compramos un décimo, ¿qué probabilidad tenemos de que nos toque el Gordo? Realmente, muy pocas. Florin Diacu, catedrático de Matemáticas, pone un ejemplo ilustrativo: “Imagínate que tienes delante 150 guías telefónicas de distintas ciudades, incluida la tuya. Si compras un boleto, tus posibilidades de ganar son las mismas de que, al azar, escojas la guía en la que está tu nombre, la abras por la página adecuada y señales exactamente tu teléfono. Si compras otro boleto, tienes otra oportunidad”.

Con la Lotería de Navidad, la probabilidad de que toque alguno de los premios es del 5%, y la de lograr un reintegro del 9%, frente al 86% de probabilidad de que no toque nada. El 20% de los décimos, por otra parte, no llegan a venderse. Las posibilidades de ganar algo, sin embargo, aumentan en la Lotería del Niño (un 7,82%), ya que el sorteo del 6 de enero triplica la cantidad destinada a reintegros y un total de 37.812 números obtienen premio (casi un 38%), mientras que los 62.188 números resultarán fallidos (en la Lotería de Navidad sólo 13.334 números resultan premiados, menos del 16%).

Con otros juegos, como la Lotería Primitiva, aún es más difícil ganar el primer premio, ya que hay casi 14 millones de combinaciones posibles de seis números, elegidos entre los 49 que entran en el sorteo. Y para llevarse “el bote” todavía hay que acertar un número más, el del reintegro. Por eso los matemáticos no juegan a la lotería, aunque ésta también suponga, para tantos de nosotros, una esperanza casi vana. “Si sueñas… loterías”.

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