OPINIÓN / VILANOS

“Renta básica”, una alternativa revolucionaria

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 30 de octubre de 2016 en El Día de León)

“Somos el país que más empleo crea”. Consumado el paripé del PSOE, y mientras escucho a Rajoy pronunciando su discurso de investidura en el Congreso, me siento como un calamar en el país de siempre igual, pase lo que pase no nos moverán. ¿Cómo es posible que alguien se crea semejante patraña? Se me escapa la tinta y no quiero caer en el desahogo fácil ni en la diatriba espontánea. Pero creo que necesitamos políticos mejores, más capacitados. Siento que nuestros políticos (de todos los colores y con pocas excepciones) no están a la altura de las circunstancias y de los tiempos que nos toca vivir.

Cumplidos ya ocho años del crack que marcó un antes y un después en la economía mundial, continuamos sumidos en una crisis global que parece no tener fin. Una crisis que se ha comparado con aquella Gran Depresión de 1929 que duró más de quince años y que se solucionó, no se puede olvidar, con una terrible guerra mundial. Y una crisis que se ha agravado con el denominado “problema de los refugiados” al que ningún gobierno avanzado quiere plantar cara con un mínimo de humanidad.

Por eso cada vez que escucho la frasecita de que “España va bien” en versión “estamos creando empleo”, y miro lo que me rodea, me invade un gran desasosiego. Si intento mirar un poco más allá es todavía peor, siento angustia… ¿Hacia dónde vamos? Las perspectivas no son nada halagüeñas. Hacía mucho tiempo que los trabajadores no éramos tan pobres, mientras que los desempleados crónicos, varios millones en este país, han empezado a difuminarse, a convertirse en fantasmas que no queremos ver.

Los analistas de la realidad dicen: “Vamos hacia una situación con una demanda de trabajo muy baja, flexible y adaptable”. Pero también alertan sobre esto: “Vamos hacia una situación en la que hay que pensar qué se va a hacer, qué se está haciendo, con ese número creciente de personas que ya no son ni serán empleables, personas que nunca más tendrán o podrán optar a un puesto de trabajo” (y la frase parece que mete un poco el dedo en el ojo).

Para el economista Santiago Niño Becerra estamos entrando en lo que él llama la sociedad “un tercio”, en la que un tercio de población vive bien (aunque no todos tengan un Ferrari), otro tercio se va defendiendo más o menos a base de empleo temporal (y sobre éstos puede calar la quimera de que todo va mejor) y, finalmente, existe otro tercio, el de los excluidos del sistema, que se está convirtiendo en invisible, y del que los otros dos tercios no quieren ni oír hablar.

¿Hay alternativas? A muchos nos gustaría creer que sí. Sobre todo porque la duración de la crisis actual sigue siendo una incógnita. Está claro que no es cuestión de dos o tres años más, sino de varios lustros, en los que será necesario afrontar medidas revolucionarias, en los que tendremos que acostumbrarnos a vivir de otra manera. Necesitamos cambiar muchas cosas, en el seno de nuestras sociedades y en el interior de nosotros mismos. Necesitamos mirar a nuestro alrededor, hacia esas zonas cada vez más fantasmales de la realidad.

Con una tasa de exclusión social en torno al 30 por ciento, una tasa de pobreza infantil parecida, más de cuatro millones de parados, y unos cuantos millones más de subempleados y trabajadores en precario… ¿Piensa alguien en cómo y de qué logrará subsistir tanta gente desamparada y sin perspectivas de futuro en este país? ¿De la beneficencia?

Daniel Reventós, profesor de Economía en la Universidad de Barcelona, es uno de los grandes expertos en “renta básica” que hay en España, y uno de los defensores de la idea de que cualquier ciudadano, sólo por el hecho de serlo, tiene todo el derecho a percibir una especie de sueldo, que él define como “una asignación monetaria incondicional”. Según sus cálculos, la implantación de la “renta básica” es absolutamente viable y permitiría salir de la crisis. Pero… ¿por qué todos los partidos rechazan esta alternativa, incluido Podemos, que la defendió en su momento y ahora ha dejado de hablar de ella?

No dejo de pensar que vivimos en pequeñas burbujas, ajenos a cuanto les sucede a otros, mientras releo a Pavese: “¿Te asombras de que otros pasen junto a ti y no sepan, cuando tú pasas junto a tantos y no sabes, no te interesa, cuál es su pena, su cáncer secreto?”

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