Gerardo Villalba "Groucho". Fotografía: Ana M. Díez / El Día de León.

Gerardo Villalba “Groucho”. Fotografía: Ana M. Díez / El Día de León.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

GERARDO VILLALBA “GROUCHO”

ESE CHICO DE PINILLA

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 23 de octubre de 2016 en la última página de El Día de León)

Si hay alguien en esta ciudad que durante años ha estado ahí, viendo pasar generaciones de músicos, teatreros, bailarines y otros animales escénicos… ese es Gerardo Villalba (León, 1950). Siempre en la sombra, a los botones de la mesa de mezclas, él es el gran hombre del sonido en León, el que se encarga de que los conciertos, obras de teatro, conferencias, mítines y hasta misas solemnes suenen como tienen que sonar, limpios e inteligibles.

“Vengo de Pinilla. Ahí pasé mi infancia y mi juventud. Ahí empezó todo”, recuerda. Gerardo era vecino, pared con pared, de Raúl Ferreras “Cascabel”, quien llegaría a ser el gran ingeniero del sonido leonés. “Raúl tocaba la guitarra muy bien, hacía sus propios amplificadores… y logró dar el salto y montar su propio estudio de grabación”. Como Ferreras, que tanto le marcó, Gerardo también era manitas, perfeccionista, y un apasionado de la música y de la electrónica aplicada a la música.

“Estudié Ciencias Físicas, en Valladolid, porque en 4ª se podía escoger la rama de Electrónica”. Antes, con 15 años, había montado un pequeño grupo musical con unos amigos. “De los barrios del Crucero y Pinilla, donde yo vivía, salió una generación de músicos importante: Bandín, Oblanca, Heliodoro Fernández, Chiqui, Kike Cardiaco…“.

Cuando se licenció estuvo unos años dando clase, en la Universidad y en FP, mientras trabajaba la electrónica en su casa, construyendo aparatos, revisando y reparando instrumentos y amplificadores de válvulas, teclados… para los amigos músicos. “La enseñanza no me gustaba, así que en 1980 decidí dar el salto y montar una tienda”. El apodo de Groucho se lo había puesto un alumno, y le vino al pelo. Con él bautizó su tienda-taller y, más tarde, su empresa dedicada a la post-producción de sonido, Groucho Sonido.

En esa década de los 80 empezaban sus trayectorias grupos como Cardiacos, Deicidas, los Flechazos… “Recuerdo el primer concierto de los Cardiacos, en La Mandrágora. Necesitaban a alguien que manejara sus cacharros. Me pidieron ayuda y yo, con más valentía que conocimientos, ahí estuve. Luego vinieron más grupos…”. Y Gerardo “Groucho”, poco a poco, se fue convirtiendo en un profesional indispensable.

En los 90 retomó además la enseñanza, dando cursos de sonido, para desempleados en Don Bosco e Industriales, y en la Escuela de Cine de Ponferrada. “Me preparaba las clases con mucha seriedad; aquello me hizo cambiar el chip y aprender muchas cosas de la profesión”. Sus últimos años han sido vertiginosos, con grabaciones en directo a infinidad de bandas e intérpretes. “No sé qué cantera habrá en otras ciudades, pero en León hay músicos buenísimos, con calidad y las ideas muy claras”.

Al echar la vista atrás, se siente satisfecho: “He tenido suerte. Trabajé con mucha gente de varias generaciones de aquí, y con gente impresionante que venía a tocar en festivales como el de Nuevas Músicas…”. Después de 36 años en la brecha no se resigna a la jubilación. Además, le siguen llamando para sonorizar y grabar eventos de todo tipo. “Ya no tengo la empresa, y no trabajo con mi equipo, sino con el que me pongan. La situación me gusta, porque no tengo que amortizar nada. Me divierto con esto”.

Durante muchos años hasta el Ayuntamiento de Ponferrada le pedía que se encargara de sonorizar la misa anual en honor a la Virgen de la Encina. Ahora, continúa llevando el sonido del Fiestizaje, el Purple Weekend o el Festival de Música Española, y acompaña a Café Quijano en sus giras.

Él se define como “un técnico repugnante”: no le gusta que nadie le hable mientras trabaja. Eso sí, cuando termina, Gerardo vuelve a ser él: una persona tímida y bondadosa, con un carácter muy leonés, seco, con retranca… “Me gusta vivir aquí. León es una ciudad pobre, abandonada, pero es una ciudad culta, con distintas inquietudes, y eso hace que siga viva”.

Gerardo Villalba "Groucho". Fotografía: Ana M. Díez / El Día de León.

Gerardo Villalba “Groucho”. Fotografía: Ana M. Díez / El Día de León.

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