OPINIÓN / VILANOS

Angélica Liddell o la crudeza de la protesta

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 16 de octubre de 2016 en El Día de León)

“Una noche de verano de 2008 Angélica Liddell estrenó una pieza en una sala de Madrid. Salió a escena desnuda, dijo cosas tremendas sobre sus padres y leyó cartas de un amor fracasado. A continuación mostró una cuchilla de afeitar, y se hizo cortes en los brazos y en las piernas. Después cubrió su cuerpo con una sábana blanca y, con la sangre que impregnaba la tela, se puso a escribir…”. Así recuerda el cineasta Manuel Fernández-Valdés la primera vez que vio a Liddell en acción. Aquel montaje le impactó tanto que decidió hacer un documental sobre ella. Ocho años después ese proyecto es una realidad: “Angélica. Una tragedia” se estrena a finales de este año en distintos festivales, en diciembre se presentará en Tokio, y ojalá que podamos verlo pronto en León.

Creo que la primera persona a la que escuché hablar de Angélica Liddell fue a la artista y performer leonesa Miriam Vega, cuando hace año y medio mostró en el CLA aquella desgarradora exposición fotográfica, comisariada por Araceli Corbo, que se tituló “El cuerpo expuesto”.

Y cuando se anunció que el Premio Leteo de este año era para Liddell me alegré, porque gracias a este galardón podremos conocer un poco más de cerca a una creadora audaz y vanguardista, radical, valiente, apasionada, excesiva e insólita. ¿Escandalosa? Pues depende de lo que las mentes biempensantes entiendan por “escandaloso” cuando alguien se sube a un escenario para exponer de la forma más cruda y poética su dolor más íntimo, que de alguna manera es también nuestro dolor, y el dolor de los demás.

A Liddell, catalana nacida en 1966, no se la puede calificar sólo como dramaturga y directora de teatro; también es escenógrafa, productora, actriz, escritora, poeta y una creadora que explora la performance autobiográfica y la instalación. “Mi obra es mi propia vida”, sostiene ella. “Mi cuerpo es mi protesta contra la sociedad, contra la injusticia, contra el linchamiento, contra la guerra. Mi cuerpo es la crítica y el compromiso con el dolor humano”, escribe en “Lesiones incompatibles con la vida”.

Sus puestas en escena son extremas, dolorosas. “El arte es la expresión del sufrimiento que la política causa en los hombres”, dijo en 2004 cuando presentó “Y los peces salieron a combatir contra los hombres”, una obra sobre los cientos de personas que mueren ahogadas al tratar de cruzar el Estrecho de Gibraltar, y que ella definió como “un discurso en defensa de los que mueren ante la indiferencia de la sociedad del bienestar que tiene una actitud malvada ante el sufrimiento ajeno”.

En los últimos años Angélica ha ganado importantes premios, entre ellos el Nacional de Literatura Dramática y el León de Plata de la Bienal de Venecia. Pero mientras en España apenas se representan sus obras, siendo ignorada por instituciones y programadores, esta mujer pequeña y de aspecto frágil se ha ido convirtiendo en una de las grandes revelaciones de la escena europea.

Hay algo en ella que remite a Thomas Bernhard y a Peter Handke. Y no es sólo por su teatro transgresor e incómodo, sino por su manera de batallar contra el mundo y de batallar consigo misma, por su manera de verbalizar y expresar su hartura, por cómo es capaz de meter el dedo en la herida hasta llegar a las entrañas del espectador.

Liddell ejemplifica además lo que supone hacer teatro en este país, donde los actores malviven en el umbral de la pobreza. Hace dos años decidió renunciar a la escena española, al tiempo que triunfaba en París con “La violación de Lucrecia (You are my destiny)”, una pieza que no podrá verse en ningún teatro español por expreso deseo de la directora. “He llegado al tope de desprecio que uno puede soportar. Por primera vez en mi vida, he conocido el respeto estando en el extranjero”, dijo entonces. “Ser español es una lacra”, afirmó hace sólo unos meses.

No es fácil hacerse con ejemplares de sus libros. Pero hace unos días di con un relato de Liddell que ganó el X certamen “Imágenes de Mujer”, convocado por el Ayuntamiento de León en 1999. Se titula “Camisones para morir”. El Premio Leteo será por tanto el segundo que reciba en esta ciudad, esta vez por su trayectoria y sobre todo “por su fuerza, por su contundencia y su lucha por romper los patrones establecidos del pensamiento artístico”.

1-opi-angelica-liddell

Anuncios