CARTAS CELTAS

Eloísa Otero

— — —

Buscando papel para escribir a una amiga, se me
ocurrió, mientras buscaba, que no era amiga mía.

P. HANDKE

“Lo siento por ti, pero voy a escribirlo todo”.

Tal vez así pretendías que yo me involucrase, que contara mi versión de esta historia. Tengo una pequeña ventaja: tus cartas: Con ese regusto a lo perdido y lejano de las frases.

Porque quizá se escriba también para que alguien en concreto sepa… y aquí la palabra sea ya presuposición, duplicidad, pérdida.

Ya sabes.

  * * *

Con el tiempo contado por tu vuelta,
contra reloj del curso de correos y a sábado, por más;
propietaria de la más amplia y convincente lista de comentarios,
vueltas a la historia,
añadidos,
excusas
o inservibles razones,
ensayo al fin el ejercicio universal de invertir el sentido,
justificar al cabo cualquier carta.

Comienzo el conocido arropo de las cosas.

    * * *

Donde se dice “la necesidad de renunciar a las ilusiones”
debe leerse:
la necesidad de renunciar a las ilusiones.
La frase es casi broma y sólo forma parte de otra carta
a ocho de agosto del presente.
Cuando se me ocurre la mínima mención a ilusiones
quiero explicar hasta qué punto
acaba por convertirse en obsesión.
Reescritura, resumen, explicación, añadidos,
correcciones al margen,
indicaciones o medios matices quedarían mejor
con mucha más espontaneidad.

  * * *

Debería al fin cuidar la letra
—dicen que las formas debieran ser cuidadas:
pero no tengo ningún problema en mecanografiar la carta.
Lamentaría sólo no haberla escrito.
(…)
/aquí hay algo verdaderamente ilegible/

  * * *

No te lo imagines como una carta triste.
Nunca pienses que entre no estar
contigo
y la tristeza
hay una relación lógica, firme.

  * * *

Cuéntale a alguien que cuando sólo cruzas la calle
cruzas esa calle.
Nunca las calles anteriores,
nunca la idea primitiva de esas calles,
el hecho de cruzarlas por enésima vez.

 

(Te tengo que escribir más a menudo:
dibujarte una sonrisa con los dedos.)

  * * *

Siempre hubo cosas de ti que me gustaron.
Siempre supongo,
otras veces pienso,
imagino
recuerdo, rememoro fantástica de ti.

Y en ese esfuerzo semi-incomprensible que día a día realizo aquí
para entretenernos tan recíprocamente…
Pocas veces se tiene tan poco que contar.

(Acaba de pasar L. A. por casa. Va a ducharse.
Es envidiable que venga de mujer. Que venga de cariño.
Todo está bien quitando la distancia)

* * *

El silencio sabe de memoria. Es
el tiempo en medio,
la dificultad para construir una conversación.
Folio en blanco. El resto de todo lo narrable se reduce a mal tiempo.

  * * *

Hay días en que me gustaría que llamaras y que
(como hoy)
me quedo en casa,
o al menos retraso la salida.

Lo cual no quiere decir nada
sólo que eso, creo que vas a llamar luego espero;
no llamas, luego no llamas;
en consecuencia espero y no llamas.
Y retraso la salida.

El movimiento pendular de las cosas se va acrecentando.
No tiene ya sentido contar cómo se está.

  * * *

 Cuéntame la verdad, sí.
Pero a ver cómo me la cuentas.

Voy a engañarte repetidamente de ahora en adelante:
en todos los momentos de escribir.
Sin una sola seña
de cómo van las cosas. Para que sólo sepas lo que pueda leerse
de los hechos:
señas y contraseñas, pendular.

  * * *

Debería contarte (paso a mayúsculas)
DEBERÍA CONTARTE CÓMO LE BUSCO, no,
CÓMO LE BUSCO no, cómo le ESPERO,
cómo le he confundido, cómo zozobro (demasiadas zetas)
CÓMO TIEMBLO CUANDO LE ENCUENTRO EN ALGUIEN.

  * * *

NO TE FÍES DE LOS MINIMALISTAS

Escuece contestar un telegrama,
conciliar distancias.
No tienes por qué beber esa pócima,
pero si te la ofrecen así…

No hay antídoto. (STOP)

  * * *

Ahora las cosas parecen, cada vez más de lejos,
si no más simples, sí rebajadas de tono dramático.
Sin asomo de más lloros que por lo triste,
pero nunca de daño. (…) No debí hacerlo bien,
o no excesivamente,
cuando al tiempo quedaba la marca de la historia.

  * * *

Tan aficionado a los comercios epistolares,
no debería dejarte que escribieras cartas de desánimo.

Decidida a escribir al trasluz (además) de tu imagen
como si hubieras sabido por terceros de mí y en cambio
yo aderezo aún e hilvano
las pocas secuencias que me quedan de días perdidos o
(peor todavía) reencontrados.

Entre lo memorable los recuerdos se diluyen como si nada pasara o no tuviera tiempo suficiente de ser. (…)

  * * *

No debería ser tan difícil encontrarse.
El calado que a veces embarranca los barcos o los deja varados
(ahh, sin aliento)
tampoco podía atacarte como una ballena vengativa.

  * * *

“Es mi indignidad la que no admito, la indignidad de mis parecidos. La indignidad de otro me anima como una contradicción, una falta de ética, una contrariedad en la que desanimo”.

Así pues hétele aquí, feliz con lo que no llegaría
o desairabas y, sin embargo,
así y allí.
Hubiera jurado por todos los infinitivos posibles que no te corregirías.
El optimismo era entonces para los estúpidos y tú
excesivamente despierto para engañarte.
Pero los juegos del amor apuestan por algo distinto a la melancolía:

ni siquiera soy capaz de delimitar la proximidad o la lejanía,
las formas a priori del cariño; Kant:
el juego esquálido (sic) de los sentimientos, los sentidos,
la sensación de tiempo que se derrite.

  * * *

En los tiempos de la tranquilidad podía aún pararme a pensar en detenerme:
a veces entretenerme haciéndolo.
El tiempo entonces pasaba contigo como el café de olor,
como el sonido de somier de la lata que te daba.

Pero aferrado a la poco probable (más verosímil)
seguridad
de que a uno lo quieren
aunque por diversas razones y otras distintas reciprocidades,
uno al final se aplica tanto cuento que cuando quiere
tiene cuanto quiso.

  * * *

Ya no sé si se cambia por cambiar,
por algún penduleo raro de la vida o porque la esquizofrenia tenga rachas
y salgan así.
No me he librado de las cosas —ni pienso—.
Pateo por mañanas y noches esta casa que habitaste tú,
riego por primera vez unas plantas que tan extrañamente se niegan a morir,
contemplo la pequeña botella de anís y ese montón de trastos que duran
y que a mí no se me ocurriría comprar nunca.
Así que lo tuyo son las cartas, y lo mío las cosas,
frase muy rara de la que podrían extraerse las más remotas y aterrorizadoras consecuencias.

  * * *

Con el tiempo parece ir asentándose la rancia teoría de que la permanencia es la forma,
condición inexcusable de ese silencio de cuerda tendida que a veces se da.

Ser resulta repentinamente dañino a los muchos recuerdos.
Panteísmo para aquella necesidad con toda independencia de quien,
imagen y/o reflejo,
la formaba.

Resulta, de ese modo, difícil contarte de las cosas.

  * * *

Tengo nostalgia de todos los tiempos.

Echo de menos la pegajosa y extensible sombra de tu calma.
La vida alrededor, el cariño
espantosamente injustificable contra quien sea.

  * * *

Tienes razón, soy todo cuanto dices.
¿eres tú el que pareces?

O.J.

(…) Traducción literal:

Si el lenguaje es reciclable esto no es un haiku (…)
Omar Jayyam, su nombre significa constructor de tiendas,
su cuerpo a manera de jaima dice:
“Gardún negarí ze gade farsudeye mast”
(el universo que contemplamos es como una cintura pequeñita para nosotros)…

  * * *

Y para sellar el pasado
tenaz, inopinadamente,
no basta con esconder tus papeles
—que los perdiste, tahúr—
en la viga de un chiribitil
con idéntico estilo fulleresco.

  * * *

Te reescribo: “la historia de la carta anterior tiene algún viso de verdad tan sólo,
la certidumbre de que pueda ser así,
o que se entienda así con ser de otra manera”.

Aquí nada resulta imperceptible: la palabra es una estrategia.
No hay diferencia entre aquello de lo que un libro habla
y la manera como está hecho,
y éste es en parte mi relato de tu historia y de su voz,
pero también un embalaje.

  * * *

“La única manera de estar cerca de aquello que está lejos es seguir estando lejos”.

El estilo epistolar celado,
la cautela ligada al espacio es la forma de cerca y más cerca,
pero sin encadenamiento ni proximidad.
Una herida en la similitud, la analogía más sutil y reversible.
O quién sino tú.

  * * *

Aquí no se propone una lectura fácil:
qué sabía yo de ti a no ser una sensación inoportuna,
las bellas maneras,
el acento exacto de la voz.

Tu nombre puede ser un indicio narrativo. El mío
está implicado y brota de la reflexividad.

* * *

Shakespeare. El sueño de una noche de verano. Acto I. Escena I. Hipólita: “Pronto declinarán cuatro días en cuatro noches, y cuatro noches harán pasar rápidamente en sueños el tiempo; y entonces la luna, que parece en el cielo un arco encorvado, verá la noche de nuestras solemnidades”.

Aquí el dolor es un punto de referencia.
Una magnolia terminal que muda
y se marchita.
Pronuncio tu nombre en aplacada duración.
Así te conjuro hasta que se desate tu lengua y hables,
tramándote con el ceremonial que imprime de sentido a lo ilegible.

  * * *

Opongamos la palabra al silencio
extendidos en una tregua que a tu cuerpo anude mis secretos
que tú habitas.

Articulemos los silencios y su significación pausada:
construyen ocultas lecturas y tactos obstinados.

  * * *

Queríalo:
queríalo con todo el espíritu —puntual y cíclico,
repentino y usual— saber de ti.
Pero las cosas hacen la vida así… para vengarse de que la vida
haga así las cosas.

De tal manera que en esa interminable espiral me encuentro.

  * * *

(…) Hace sol. Busco una dedicatoria y una forma
entre las educadas y buenas maneras del estilo
para sellar tus cartas.
Combinación extraña donde existan,
más improbable aún si se combina con tiempo libre,
extraído en pequeñas porciones
del minúsculo frasco en que lo escondo.

  * * *

Vivo con desazón tus desvíos, tu desapego me llena de reproches.
He aquí el cansancio que produce la distancia.

Y sin embargo,
a quien le tiene que gustar lo que (te) haces es a a ti.
(Mil dudas sobre si ésta era la carta que debía enviarte…)

  * * *

Te escribo con ojos verdes empapados de ciruela claudia.
(Oh adversidad, contrapunto de elipsis).
No podrás negarte,
después de ésta no podrás negarte a una correspondencia más expeditiva.

  * * *

El aliento exige una cierta serenidad expresiva y escribir es un insulto
tan insuficiente como toda posibilidad de acabar con las apariencias.

No atino. No hay tacto.
Y para frotar no se es a veces sino niña…

(ser niña y aburrida en los portales)

  * * *

Cuando abrí el buzón tan solo encontré un mensaje que venía a decir: “todavía hoy encontré rastros de tu cuerpo dentro de mi cuerpo”.

En ese espacio de silencio se remueven ahora los afectos.

  * * *

No es necesario agitar viejos pañuelos para ser vistos.
Aldo Z.Sanz

Vine a esta ciudad siguiendo una pista.
Sospechaba ya que éste iba a ser el origen de una huida,
la ortografía de una incógnita.

Ningún espejismo tiene forma material. Anótalo:
hablamos siempre del pasado.
Pero no debemos dejarnos cautivar por esa magia tan retrospectiva
Desconfía de mis cartas,
para más adelante.
Hazlas confeti si puedes.

  * * *

Qué largo el tiempo, ese implacable.
S. me invitó a cenar y le conté cosas muy tristes
para que me dejara en paz. Efectivamente,
no ha vuelto a llamarme.

(…) tal vez porque no puede existir una verdadera historia de amor que no lo sea también de una obsesión.

Háblale de cosas tristes, para que no vuelva.

* * *

Es curioso que cuando ya quedaban pocos días para volver,
aparte de que se hagan más largos,
uno está ya un poco más cerca y cambian los temas
y se escribe mejor y más a gusto (cartas).
Ya no tiene sentido preguntar por un montón de cosas.

Y este soliloquio precede al encuentro
como la tormenta a la calma.

  * * *

Llevo llamándote desde el amanecer.
(y eso no hay donde guardarlo)
Sigo rayando el papel con la punta de un lápiz y presto mis oídos al gato que diviso a través de la puerta y trepando por ella.

“A quien lo sepa: en ese quicio, el gato disimula gula”.

* * *

“¿Serán ocaso fugitivos horizontes
cuyas líneas pagan tributos marinos?”

(…) por eso escribo yo reconcentrada sobre las cosas.
Porque carecemos de signos con que poder designarnos,
y toda aquella tristeza de calores comunes (…)
está indocumentada.

El descubrimiento de la carencia física:
de la dificultad de “estar” entonces
(Me pongo de lo más sentimental cuando tomo nota de la vida de aquellos años).

  * * *

O amor é un óxido.
Antón Reixa

Me entretuve como el tiempo amarilleando una flor.

Las horas son algas enredadas hasta que me despido de ti
con una balada de medusas que envenena y turba.

  * * *

Encanto halagar tu vanidad, llenarte de charcos, conciliarte discorde ensimismada.

(…) Pero a veces, pienso siempre lo mismo,
el toque de tu mano
me provoca
un respingo contestatario, breve y eléctrico.

  * * *

Aparecer tildada de brevedad,
acentuable y brevemente corta.
La palabra termina por convertirse en pesadamente larga,
amable extensamente
o viceversa.

  * * *

El acto de la escritura es posterior al dolor. Lo suscribe.
Odio esa tristeza vulgar que transmite el texto.

Te lo voy a decir de otra manera:
quiero que aprendas del duro ejercicio del habla,
del rigor que exige la puesta en escena de los sentimientos más audaces.

  * * *

El lugar más sombrío está siempre bajo la lámpara.
Proverbio chino

  * * * * * * *

    ELOÍSA OTERO
CARTAS CELTAS
Volumen CI de “Provincia”,
Colección de Poesía, ILC, León, 1995.

Anuncios