OPINIÓN / VILANOS

Nacer en otra especie

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 24 de julio de 2016 en El Día de León)

“La vergüenza es un sentimiento revolucionario”. Con esta cita de Karl Marx encabeza Antonio Gamoneda un poema estremecedor, titulado “Malos recuerdos”, perteneciente a su libro “Blues castellano”. Este poema, en el que Gamoneda expone sus sentimientos ante algunos comportamientos vergonzantes de su infancia —como maltratar a una perra o robarle a un soldado la carta de su madre—, se ha convertido en emblema de la antología de poesía que ha realizado la plataforma “Capital animal” para concienciar sobre los derechos de los animales.

La antología —que a su vez lleva por título otro verso del poeta leonés: “Naciendo en otra especie” (“Yo estoy naciendo en otra especie y el exterior es lívido”)— quiere ser “una respuesta a la violencia, a la vergüenza que supone el dolor infligido a los animales”, en palabras de Ruth Toledano y Marta Navarro García, encargadas de la edición. Pero va más allá. Como escribe Navarro, “la historia nos ha demostrado que con los animales practicamos la dominación y la discriminación hasta convertirlos en propiedad, al igual que antes hicimos con personas de otras etnias, de otro credo o de otro género”.

No hay contradicción entre la defensa de los derechos humanos y la defensa de los derechos de los animales. Es más, “el respeto hacia los animales por el hombre está ligado al respeto de los hombres entre ellos mismos”, tal y como se puede leer en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos del Animal, aprobada en 1997 por la UNESCO y la ONU.

A la luz de lo que dicta esa Declaración, los españoles seguimos siendo “un pueblo salvaje, embrutecido e ignorante”, como afirma Miguel Ángel Rolland después de rodar “Santa Fiesta”, un documental que le ha llevado a recorrer España durante un año, infiltrándose en fiestas populares y religiosas para mostrar la crueldad y la violencia que se ejerce contra los animales en este país.

La tortura, el salvajismo, la bestialidad… ni son arte ni son cultura, por mucho que se empeñen los defensores de estas “fiestas” ancladas en la incivilidad. Por eso no se entiende bien que el Instituto Leonés de Cultura haya abierto la Sala Provincia a una exposición de tauromaquia —compuesta por carteles, cuadros y fotografías de toros y toreros— para mayor gloria del empresario taurino Gustavo Postigo. Como tampoco se entiende que, en esta provincia, mantengamos un Museo de la Fauna Salvaje en el que se exhiben los trofeos disecados de un rico cazador, el doctor Eduardo Romero, que se ha gastado parte de su fortuna en viajar para matar animales por todo el mundo. Aunque también hay buenas noticias: hace solo unos días, gracias a la presión ciudadana, la Diputación ha abierto un servicio de adopción para los perros vagabundos que son recogidos por la provincia, y que antes eran sacrificados cuando no tenían dueño ni chip.

Leo que, en Canadá, unos monjes budistas han protagonizado un gesto que puede parecer una tontería: comprar 270 kilos de langostas vivas y frescas, recién capturadas por los pescadores, para volver a lanzarlas al mar, una a una, ante la sorpresa de esos mismos pescadores. Con este gesto, según explicaron, no trataban de convencer a la gente para que se vuelva vegetariana. Simplemente intentaban “cultivar la compasión respecto a otros seres”, sean langostas o cualquier otro animal, y extender ese sentido de compasión entre las personas.

Somos muchos, cada vez más, los que sentimos vergüenza por lo que nuestra especie está haciendo con las demás especies del planeta (en forma de dominación, maltrato, tortura, genocidio, exterminio…). Pero también y sobre todo nos avergonzamos por lo que algunos humanos hacen con otros humanos, empezando por el terrorismo machista y doméstico, y continuando por la explotación, la pobreza, el hambre, la guerra y la enfermedad a los que se condena a millones de personas en el mundo.

La poesía es lucidez. Como escribió Ildefonso Rodríguez (citando a Hölderlin), “todavía y siempre la tarea de todos / es la vida en este mundo”. Y sí, a muchos nos gustaría nacer en otra especie, más lúcida y más compasiva y respetuosa. Con los animales y con los humanos.

 

 

Anuncios