La diseñadora Esther Calzado en la última de El Día de León. © Fotografía: Ana M. Díez.

La diseñadora Esther Calzado en la última de El Día de León. © Fotografía: Ana M. Díez.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

ESTHER CALZADO

ROPA CON MENSAJE

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 17 de julio de 2016 en la última página de El Día de León)

Llega en bicicleta, veloz, con su media melena pelirroja y un top arcoíris, diseñado por ella, que aporta frescura a la calurosa tarde de julio. La psicopedagoga y diseñadora leonesa Esther Calzado (1968) es una mujer imaginativa, pero también reflexiva y crítica. Hablamos de su último desfile, “Visible lo Invisible”, con el que la invitaron a clausurar el festival Recuore, en el Museo de León, a primeros de junio. Ahí mostró la evolución de una singular colección de vestidos hechos con materiales reciclados, con la que proponía reflexionar sobre la desigualdad de la mujer. Una colección que, además, le ha servido para reencontrarse con su faceta de diseñadora de ropa “con mensaje” que había dejado aparcada en 2003, al nacer su primera hija.

“En 1998, cuando realicé algunas piezas de esta colección, no era activista del feminismo, pero ahora sí. La maternidad te cambia la visión del mundo”, sostiene. En aquel entonces, para reflexionar sobre temas como la mujer objeto o la doble jornada laboral, imaginó vestidos con fregonas, condones y otros objetos cotidianos. Esta vez, para visibilizar la violencia consentida que se ejerce sobre las mujeres en el mundo, ha creado obras como la titulada “¡No quiero!”: un vestido de novia-niña elaborado con bragas usadas. “A mi hija pequeña, que desfiló con él, le daba vergüenza llevarlo. Pero fue la mejor manera que encontré de trasmitir la desolación que puede sentir una niña cuando la casan con un viejo”.

Mientras charlamos en una terraza del Húmedo, la trayectoria de Esther se dibuja moteada de saltos y vicisitudes. Cuenta que le marcó vivir en la antigua cárcel del Paseo del Parque, donde su padre era funcionario. “Allí aprendí, sobre todo, a no juzgar a nadie”. Y a la cárcel volvería en distintas etapas de su vida, como monitora ocupacional y para organizar con las presas los primeros desfiles de moda que hubo en el centro de Mansilla.

Estudió Magisterio, a la vez que, por la noche, asistía a clases de patronaje, estilismo y moda en la escuela Massani. De allí salió en 1989, con la primera promoción de diseñadores leoneses. En un principio se inclinó hacia el figurinismo teatral, y empezó a aprender todo lo no le habían enseñado en Massani: a coser, experimentar, investigar con materiales… De esa etapa recuerda “el desfile del Sida, para sensibilizar a la gente sobre la enfermedad”.

Esther siempre ha compaginado su formación y su actividad creativa con distintos trabajos para ganarse la vida. En 1993 se incorporó al Plan Municipal sobre Drogas, “una experiencia muy dura”. Paralelamente, montó un taller de ropa a medida y creó la marca “essa costura”, con la que presentó sus primeras colecciones con el diseñador Di de Sant. En 1999 empezó a ejercer como coordinadora del programa de ocio juvenil Espabila, financiado con el dinero que se decomisa a los narcotraficantes. Además, desde 2009 es responsable, en funciones, de la programación cultural de Espacio Vías, un centro municipal sin apenas presupuesto, venido a menos con la crisis.

Pero a Esther no le gusta tener quietas sus pequeñas y habilidosas manos. Ahora que han crecido sus dos hijas (de 13 y 9 años) intenta retomar su faceta más artística y reivindicativa con nuevos bríos. Por el camino han quedado sus vestidos y figurines para “La mujer de arena” (2002), “El pequeño deshollinador” (2006) o “Poemas para curar a los peces” (2010), entre otras obras escénicas. En la cabeza tiene un nuevo proyecto a largo plazo, una colección de “vestidos-poema”.

¿Dónde encuentra tiempo? “Saco horas de la noche”, responde. “La casa está un poco peor, abandonas las relaciones sociales, y te metes ahí, a pensar qué puedes usar para transmitir lo que quieres decir. Tengo una ventaja: mi mente trabaja sola. A veces me despierto con un vestido en la cabeza”.

Anuncios