OPINIÓN / VILANOS

Subterráneos de cultura

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 10 de julio de 2016 en El Día de León)

León es una ciudad cultural, en el sentido de que tiene una vida cultural intensa, más o menos subterránea, que a veces aflora y a veces no. Durante muchos años lo he sentido así. He vivido ocasionalmente en otros lugares, pero no hay parangón. Sería complicado contar la cantidad de personas creativas que he visto crecer en esta tierra. Muchas se han ido, otras se han quedado (con ganas o a regañadientes), algunas pocas han vuelto, para irse de nuevo… Porque, aunque sea paradójico, realmente resulta muy difícil vivir aquí de algo relacionado con la creatividad y la cultura, y más aún en estos tiempos de crisis.

Sin embargo, a pesar de las circunstancias institucionales y a veces también gracias a ellas —o más bien gracias a la labor callada de quienes, desde dentro y desde fuera, llevan a cabo ese ímprobo trabajo de apostar por proyectos de interés—, tenemos la suerte de que en León sigue habiendo grandes y pequeños talentos creativos, así como muchas y variadas formas de entender la actividad cultural. Hasta el punto en que casi no hay día en el que uno no encuentre algo sugerente que hacer, o algo en lo que participar, en muy distintos campos.

Por ejemplo: la pasada semana algunos tuvimos el privilegio de asistir a un evento vespertino para el que hubo que guardar cola, por la mañana, con el fin de conseguir una entrada gratuita. Las entradas volaron en pocos minutos, y hubo quienes se quedaron sin ellas. Se trataba de la primera actividad del ciclo “Roma en el espejo / Subterráneo de cultura“, que por cuarto año consecutivo organiza la Concejalía de Cultura, bajo la coordinación del poeta Víctor M. Díez, y que se desarrolla en la cripta arqueológica de la calle Cascalería, donde solo caben unas 50 personas.

Este ciclo, que los martes y los jueves del mes de julio llena de poesía, música y teatro un espacio sin uso del casco histórico, donde se conservan los restos del anfiteatro romano que existió en León hace dos mil años, ha sido un éxito desde el principio. Y es un ejemplo de cómo se puede “poner en valor” el Patrimonio escondido de una ciudad, al tiempo que se ofrece la posibilidad de disfrutar de distintas propuestas contemporáneas de una forma casi íntima.

La cultura es minoritaria (a veces por necesidad: en determinados sitios no entran más personas de las que caben), pero eso no le resta valor. Hay actividades que cuentan con un público asiduo, mientras que otras se arriesgan con un público ocasional. Sucede ahora como hace más de treinta años, cuando conocí el viejo CCAN, o cuando durante mi primera época universitaria coincidí con un grupo de amigos que intentaba activar algo en el campo de la literatura: una revista, un proyecto editorial, traer a León a gentes como Juan Benet, publicar los ensayos del fallecido profesor Lucio García Ortega que tanto marcó a una generación…

Como ha escrito el pensador Alberto Santamaría, quizás ahora mismo la cultura solo sirva para recubrir la lógica del capitalismo con una capa de azúcar. Sí, quizás la palabra “creatividad” se esté convirtiendo en un espejismo caramelizado, pero en estos tiempos de penuria, en los que hacen falta milagros para llegar a fin de mes, la creatividad y la cultura también funcionan de alguna manera como salvavidas, en el sentido de que ayudan a convivir y a mantener un cierto equilibrio mental.

Somos seres creativos, con la necesidad y la capacidad de expresarnos y de compartir socialmente eso que nos hace más humanos, más críticos y sobre todo más libres. El arte y la cultura sirven para romper tabúes, para buscar y disfrutar la belleza, para cuestionar a los poderosos, para expandir otras percepciones de la realidad… y para pensar, mirar y soñar más allá de nosotros mismos y de nuestros pequeños mundos.

Hagamos cultura, participemos y disfrutemos de ella activamente, habitando esos espacios a menudo subterráneos por los que circula. Puede que sea la única forma de preservar ese maravilloso patrimonio común que nos permitirá avanzar como humanos en un mundo cada vez más inhumano.

 

 

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