OPINIÓN / VILANOS

Un museo como un Calvario

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 26 de junio de 2016 en El Día de León)

“Van a hacer la calle Ordoño navegable, con barquitas y góndolas… y se van a convocar plazas de barquero, que tendrán que cantar mientras reman, como en Venecia”. Hace unos días mi joven sobrina leyó esta absurda noticia en internet, ilustrada con una estupenda recreación de cómo quedaría Ordoño II con un canal central, y se la creyó. Cuando le dije que aquello solo podía ser una broma, me replicó de una manera antigua: “Que es verdad, que lo he leído en un periódico… digital”. Y sí, lo había leído en un nuevo sitio de chascarrillos leoneses en plan elmundotoday, pero con cosas de aquí, con historietas irónicas como ésta, que se volvió viral en las redes sociales días después de que el alcalde anunciara la próxima remodelación de Ordoño, cuyo adoquinado lleva casi 20 años costando lo que no sabemos a las arcas públicas.

La ingenuidad de mi sobrina me desconcertó. Pero luego pensé que hasta en los periódicos más serios se cuelan cosas así, proyectos absurdos de nuestros políticos que nunca llegan a nada, o que si se convierten en realidad no será en beneficio de los ciudadanos, porque se habrá malgastado el dinero de todos en megaconstrucciones (tranvías insostenibles, palacios de congresos sin congresos, megaciudades de la cultura vacías, aeropuertos sin uso, autopistas sin tráfico…) de las que solo se benefician quienes se llevan la pasta, sin vuelta atrás posible.

Una de esas ideas peregrinas que parecía una broma, pero iba en serio, fue la de llevar el Conservatorio de Música a los bajos del estadio de fútbol. La presión ciudadana, en forma de “masa crítica” en las redes sociales y en la calle, ha llevado a nuestros gobernantes a dar carpetazo al proyecto. Pero siguen sin ofrecer soluciones al problema. Y además, si había dinero para gastarse unos millones en arreglar los bajos del estadio… ¿por qué no lo hay para arreglar el edificio actual, o para construir uno nuevo en esa parcela cedida en su día para ello?

Hay más noticias que parecen una chanza, y para las que no existe marcha atrás. Hace unos días muchos leoneses leímos con asombro que el obispo de León, Julián López, había rechazado albergar una subsede del Museo del Prado en el despoblado Seminario Mayor, junto a la Catedral… Sí, muchos pensamos que se trataba de una inocentada. Porque no puede ser que alguien, con una propuesta así sobre la mesa, diga que no y se quede tan ancho. No puede ser que alguien con mitra tenga tan poca cabeza y no piense en los beneficios que podría aportar que se ubicara aquí la subsede de una de las mejores pinacotecas de arte clásico del mundo…. Pero claro, con la Iglesia hemos topado. Y a la Iglesia, que paradójicamente atesora un grandísimo patrimonio artístico y cultural, nunca le ha gustado el Arte en su expresión más amplia. Y encima no paga el IBI.

En cambio, la idea de convertir el edificio del Seminario en un Museo de la Semana Santa —ese viejo proyecto que siempre figura en los programas electorales del PP— parece que sí que es una buenísima idea para la ciudad.

Aquí no hay dinero para lo que hace falta ni las administraciones son capaces de ponerse de acuerdo para que varios cientos de chavales estudien música en un edificio digno, pero ya han firmado un convenio con el Obispado para aportar pecunio a ese nuevo museo, presupuestado en unos cinco millones de euros, que enaltecerá la ciudad, dicho sea con ironía. En total, entre Ayuntamiento y Junta de Castilla y León van a aportar casi un millón de euros para las obras de la primera fase.

¿De verdad necesitamos un Museo de la Semana Santa? ¿Pero no es la propia Semana Santa leonesa un museo vivo en sí?

Los políticos están ahí para gestionar la cosa pública y el dinero de todos de la mejor manera posible, y en beneficio todos. Y los leoneses necesitamos trabajo y proyectos con futuro. Necesitamos que el dinero se invierta en cosas prioritarias, y la Cultura, con mayúsculas, también es una de ellas. No necesitamos canales venecianos sino salvavidas a los que agarrarnos cuando la ciudad en la que vivimos se hunde, y los comercios cierran, y nuestros jóvenes se van en busca de ventura y aventura a otras tierras, y la pobreza y la precariedad se van instalando en nuestras vidas.

León se muere. Poco a poco. Lentamente. Sin embargo, entre una subsede del Museo del Prado y un Museo de Semana Santa, nos vamos a comer lo segundo. Con patatas y papones y capirotes de colores y unas cuantas tallas y música de tururutu. Hemos perdido una oportunidad única.

 

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