Arty, el acordeonista ruso de la Calle Ancha (León). © Fotografía: Ana M. Díez.

X Artem Eremin Valerievich “Arty”, el acordeonista ruso de la Calle Ancha (León). © Fotografía: Ana M. Díez / El Día de León.

PERSONAJES A LA ÚLTIMA

ARTEM EREMIN VALERIEVICH, “ARTY”

EL ALMA DE LA CALLE ANCHA

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 19 de junio de 2016 en la última página de El Día de León)

Este fornido ruso con cara de niño ha conquistado el corazón de la ciudad armado de un acordeón y una sonrisa. Desde que llegó a León, hace 12 años, la calle Ancha no es la misma sin él. Se pudo comprobar en 2009, cuando el Ayuntamiento le negó el permiso para tocar. Se desató entonces una ola de solidaridad que él agradeció emocionado. Alguien le abrió una página en Facebook y en pocos días obtuvo 5.000 seguidores (hoy tiene más de 12.000).

Por fortuna aquello se solucionó, gracias al apoyo ciudadano, y Arty consiguió hacerse un sitio en la transitada calle peatonal que sube hacia la catedral, como reflejó en un cuadro el pintor Jesús Martínez del Cerro. De jueves a domingo, haga frío o calor, este acordeonista versátil marca el ritmo de los viandantes durante unas horas al día, mientras el estuche de su acordeón espera que caigan unas monedas. Lo mismo toca un tango que un preludio de Bach, el Himno a León o el Vals nº 2 de Shostakovich, que es una de las piezas que más le gusta a la gente. Además se ha especializado en el arreglo de canciones del folclore leonés y español y ha compuesto algunos temas propios que le gustaría grabar, como la “Leyenda de los Mineros”, en homenaje a los mineros del carbón, o la “Mazurca de la montaña”.

“Me gusta mucho León, desde el principio sentí el calor de la gente y he echado raíces aquí, con mi familia. Soy músico y me gano la vida tocando a cambio de unas monedas que la gente me da generosamente”, comenta. Claro que él también es generoso y por eso toca a veces en residencias de ancianos, en ASPAYM o en el centro de Alzheimer, de forma altruista, para animar un poco a los enfermos.

Arty acaba de ser padre de una niña prematura, Sofía, que nació a primeros de junio, un mes antes de tiempo y unos días antes de que su otra hija, Alexandra, de 16 años, ofreciera su primer concierto personal de piano, en la sala Eutherpe, con un repertorio difícil que llena de orgullo a su padre. “Mi hija lleva diez años en León, tiene talento, quiere estudiar la carrera de músico profesional, y por eso yo necesito trabajar mucho para ayudar a conseguirlo”.

Con lo que saca en la calle apenas le llega para subsistir en estos tiempos de crisis, y Arty no deja de buscar otros trabajos, como tocar en fiestas y eventos, dar conciertos, impartir clases, o realizar arreglos musicales.

Si se le pregunta qué es la música, responde escueto: “Muchas grandes frases, pero todas dicen tonterías. Música es mi profesión, mi trabajo, mi forma de vida”. Sin embargo, añade con un suspiro: “A los 24 años, cuando me fui de Rusia, nunca hubiera imaginado que acabaría tocando en la calle”. Y es que Artem Eremin Valerievich tenía un buen currículo cuando dejó su país.

Nacido en 1977 en Makhachkala (junto al mar Caspio), creció escuchando cantar y tocar el acordeón a su madre, Ludmila, que era profesora de inglés. En ese instrumento se especializó y además estudió piano, balalaica, domra y contrabajo. Con 8 años ya actuaba en su ciudad y a los 15 ingresó en el Instituto de Música, donde recibió clases de armonía, composición y dirección de orquesta, y empezó también a dar conciertos y a recibir premios (uno de ellos, recuerda, se lo entregó el cosmonauta ruso M. Tolboev, todo un héroe de la antigua Unión Soviética). Tras finalizar sus estudios con sobresaliente entró en el Conservatorio Superior, impresionando al tribunal con su interpretación de la Sonata en Si menor de Galynin, que aprendió cinco días antes del examen de ingreso.

Pero cuando terminó los estudios superiores la vida le jugó una mala pasada, en forma de tragedia familiar. Para superar aquello empezó viajar por Europa con su instrumento a cuestas. Fue así como llegó a León, y aquí quiso quedarse.

Ahora, con su niña recién nacida y muchas raíces en esta tierra, sigue intentando ofrecer una vida digna a su familia haciendo lo que mejor sabe hacer: música.

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