Página de El Día de León.

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OPINIÓN / VILANOS

Caravana Abisinia

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 12 de junio de 2016 en El Día de León)

(“Y al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades”. Arthur Rimbaud, poeta abisinio)

El pasado sábado, 4 de junio, tuve el placer de disfrutar de la Caravana Abisinia, una deliciosa forma experimental de “habitar” la ciudad, promovida por un grupo de teatreros, poetas, músicos y otras gentes activas y creativas. La idea era sencilla: recorrer las calles al modo de los titiriteros que llegan a una ciudad, tocando música, contando cuentos y leyendo versos y proclamas para todo aquel que quiera pararse a escuchar.

A la caravana, convocada por unas 30 personas de todas las edades con ganas de compartir una acción común, se fueron sumando amigos, conocidos y curiosos, detrás de un pequeño carromato cargado con instrumentos.

A las doce en punto se inició el recorrido en Puerta Obispo, ante el balcón de una vecina cómplice, de nombre Inés, que desde su propia casa improvisó un cómico monólogo ante la sorpresa de viandantes y vecinos asomados a las ventanas. “¿Pero esto qué es? ¿Qué pasa?“, preguntaban algunos, entre incrédulos y curiosos por el espectáculo, mientras Inés concluía su acción de forma trágica, acusando a su madre de envenenarla con matarratas.

Hubo aplausos, y la caravana continuó su recorrido por la Calle Ancha y algunas callejuelas del Húmedo hasta el mercado del Conde Luna, donde se musicaron poemas y se leyeron textos escogidos junto a algunos de los puestos (incluido uno que se llama “Versocárnico”, en serio), ante el regocijo de clientes y vendedores. “¿Qué? ¿Sois de Filosofía y Letras? ¿Os habéis traído al mercado a Sócrates y Platón?”, preguntó un señor que estaba comprando en un puesto de pescados decorado de forma muy original, con cangrejos clavados en fila india sobre un corcho blanco.

Es curioso, pero en ese recorrido matutino, al igual que por la tarde, nos cruzamos con otras caravanas bien distintas que deambulaban por la ciudad, muchas de turistas, en su mayoría jubilados ávidos de tapeo y monumentos. Como curiosidad antropológica, también nos topamos con un montón de pandillas de jóvenes que, separados por sexos, celebraban despedidas de la soltería con ritos que consisten, básicamente, en disfrazarse con mejor o peor gusto de algo “gracioso” (abejas, mariquitas, muñecas pelonas…), portando camisetas con lemas, penes y macrotetas de goma, en un recorrido etílico más o menos ruidoso de bar en bar, sin ningún sentido del ridículo.

Mientras me preguntaba qué recordarían esas pandillas prematrimoniales de una ciudad (León está de moda) a la que básicamente han venido a ponerse ciegos, la Caravana Abisinia continuó por Azabachería y en dirección a la Plaza del Grano, donde a eso de las dos, junto a la fuente, hubo concierto y algo de danza entre los cantos rodados, y nos tomamos unas cañas alegremente, mientras los niños jugaban a la sombra de árboles centenarios y a la caravana se unían más amigos y curiosos. Aquello era una fiesta tranquila, un estar y compartir conversación y música improvisada.

A las tres de la tarde hubo gente que se dispersó, o que se fue al bar Belmondo (donde había pinchada de música, paella y rico vermú), pero un grupo todavía numeroso optó por continuar la fiesta en el Jardín del Cid, y allí, sobre la hierba, bajo un frondoso tejo frente a las antiguas escuelas, se degustaron croquetas, filetes empanados, tortillas, queso y otras viandas llevadas por unos y otros… sin que la música dejara de sonar hasta pasadas las siete de la tarde.

Claro que había allí buenos músicos: Guillermo y Spencer (Ex Máquina), Al Vidal, Carlos Ordás, Ildefonso, Marta Fierro, Mónica Jorquera, la pequeña Guadalupe con su ukelele… (me olvido unos cuantos) y recitadores: Manolo AO, Andrea, Víctor, Javi de la Varga, Silvia, Conchi, Saúl, Genzo P., y hasta el poeta Karlotti, recién llegado de Ferrol con el fotógrafo Pepe Posse, entre otros. Así que los grupos de turistas jubilados y la gente que pasaba por allí no podía por menos que pararse a escuchar, atónita, sobre todo porque hubo momentos del concierto improvisado realmente buenos.

“¿Pero esto qué es, el 15-M?”, preguntó un señor. “¿Sois de Podemos?”, interrogó una señora. “¡Qué va, yo ni siquiera voto!”, respondió alguien. “Simplemente somos vecinos y vecinas, amigos que nos juntamos para compartir algunas de las cosas que nos gustan: tocar, cantar, recitar, bailar, escuchar, improvisar, disfrutar, ser, estar, tomar la calle de forma pacífica y lúdica…”.

(“Habitar es un arte. Únicamente los seres humanos aprenden a habitar”. Ivan Illich, pensador radical)

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